Duro
El tiempo que dobla
Por la esquina despintada de mi cuadra.
Duro
Sin guardar las debidas simetrías
O las irregularidades despeinadas
En las márgenes izquierdas del Río de la Plata.
Y sigue allí con su dureza,
A la espera de un invierno más clemente,
Salvador
De las ilusiones que tejió en las otras estaciones,
Creyendo ser digno
De una caricia que lo ablandara,
De un suave beso que lo iluminara,
De tantas cosas que lo transformaran,
Recuperando el candor de su inocencia,
En esta parte de mi ciudad,
Donde el humo envía señales,
Para apaciguar las voces discordantes,
Los tumultos vacíos de individuos,
Es humo o simplemente vapor,
De ese que en los fríos días de invierno
Capturan las palabras expelidas,
Los signos que parten mi circunferencia,
Porque descubro que no es el peor averno,
Que hay páginas que parecen ser leídas,
Sabiendo que el amor no es una ciencia,
Reconociendo que una verde mirada tuya
Pone a andar nuevamente la alegría,
Deja atrás los fríos en que me envuelvo aterido,
Recuperando la tibieza de mis manos suaves.
Ya no hay dureza
Cuando el amor golpea cada latido,
Cuando se encuentra presente en los suspiros,
Cuando te veo a través de las sombras de las letras,
Cuando al escribir se que ya no son vocablos,
Son las partes de tu humanidad,
Esa que se entrega enteramente,
En las patrias despojadas de fronteras,
En los pueblos alegres de mi boca,
En esas tardes en que se pierde el sol,
Mientras se ganan inmensidades de lunas,
Tan mías, tan tuyas, tan nuestras,
Que veo en ese momento como no hay dureza,
Solo esa parte libre de mi reconversión,
De puro cielo sin nubarrones,
En los paisajes de nuestra entereza,
Para entregarnos sin otra razón que la de amarnos,
Sin otra ambición ni calculo ruin,
Que suele parecer una grisácea rareza,
Donde el amor y la entrega,
Son los materiales que dan consistencia,
A dos seres fundantes de su propios paraísos,
En esta tierra de ayeres fundidos,
En este campo enteramente ignorado,
Donde solo valen los sentimientos
Y sobre todo esta poesía surgida de la urgencia...
jueves, 21 de julio de 2011
ALGUNAS COSAS...
Alguna vez me pregunte
Quien eras,
De donde venias,
Porque no te había conocido antes…
Y mi parque de preguntas continuaba,
Como las hojas de ese árbol de la vida,
Del pleno conocimiento,
Plantado y prohibido en el centro del Edén,
Disolviéndose al encontrar la punta de la respuesta,
Tocando tierra virginal,
Superficie dura como una mirada,
Cuando esta cargada de odio y rencores.
Allí fui a parar,
A empezar a trabajar con mis dudas nuevas,
Pero te vi a mi lado compañera,
Porque tus acertijos eran similares a los míos,
Nos observamos,
Ya no solo sensualmente,
Sino creídos de compartir el suelo,
De construir juntos el sueño,
Con los elementos recogidos del ayer,
Con los retazos de hace unos instantes
Dispuestos a ser creciendo hacia delante.
Entendimos que éramos uno para el otro,
Que no hay paraíso sin nosotros,
Ni infiernos que quemen más que tus caricias,
Que las cosas suelen tener un nombre,
Aquel que a los dos se nos antoja,
Y fuimos mansos arando las olas de la mar,
Rebeldes en aceptar mandamientos extranjeros,
Pero elevados como infantes,
Ante las gotas de una lluvia de verano
O los copos de nieves cayendo entre tus dedos.
Pasa que de vez en cuando
Uno vuelve a preguntarse, a redescubrir
A aquel ser que lo completa,
Que no es más que el espejo que refleja a uno mismo,
Seguramente con otra forma,
Posiblemente con otros gestos,
Porque, como dices, lo que se hereda no se roba,
Y ahí quedó paralizado viendo como crece un arco iris
Entre tus bellos senos matinales
O por las tardes me lavo las manos en tus arroyos,
Esos que se devoran mis ojos marrones,
A pesar de todo hicimos nuestras ropas,
Con las palabras de este nuevo alfabeto
Y siembro mis semillas prodigiosas,
Entre los surcos de tu piel o de los soplos de tu pelvis,
Asumo que no soy dios sino un ángel
Que cuida tu deidad de primeriza,
Entre los mantos vegetales de este jardín
En el que reverdecen cada día las quimeras,
Las que aplauden estruendosas los soplidos,
De este amor que comenzó en primavera.
Solo de tanto en tanto me pregunto algunas cosas….
EL TIEMPO Y EL AMOR
Cuanto tarda
La hoja del árbol en caer
Sobre la gramilla del texto,
Sobre las letras borroneadas,
Encima de los andenes derruidos,
Cuánto tarda
Si no quiere quedar congelada
En el espejo de mi gramática?
Cuanto tiempo se consume
En la abertura de la nada,
En el vacio de la existencia,
En la desesperación de una vida sin rumbo.
Cuanto?
O quizás no sea medible,
Ni pueda pesarse,
Como no se pesan mis versos
Cuando gravitan sobre tu mirada,
Cuando buscando un ingreso
A tu tímida morada,
Donde los pasos del deseo
No provocan ruidos balbuceantes
Sino un silencio de lujuria atrapante.
Y me repito obstinado cuanto?
Cuanto es el espacio recorrido
Hasta alcanzar un beso de domingo,
Un abrazo inesperado en la despedida
Que se transmutó en bienvenida
¿Cuánto es el tramo,
Cuanto los metros,
Cuanto los agujeros en una tarde,
Todavía invernal?
Pude contabilizar en mis bitácoras
De capitán del barco de mi vida,
De perspicaz pirata embaucador,
Que se dio a escribir sobre tus costillas de hembra,
Con el alfabeto que le dicta el éxtasis,
De bucanero perdido en cada ganancia,
Contando las muescas hecha en su espada,
Hasta que vi de frente unos ojos verdes,
Que sin intimidar me dieron señales
De llegar a la buena orilla,
A las barracas donde las flores crecían
Sin renegar de lo plantado y lo por regar.
Así deje de preguntarme por la cuantía
Y pase a poner mi mente en la esencia,
En eso que se ve cuando está oculto,
Que está muy presente cuando estas ausente,
Pensé por un instante
Es muy interesante dejar de preguntarse,
Es más valioso para el cantero de mis símbolos
Saber que al buscar te encontré
Y al encontrarte aprendí lo positivo de darse.
En esto si se tarda
Pero cada uno con su ritmo
Con su propio andar y su movimiento
Hasta comprender que no vale el tiempo
Sino la dirección del intento.
Así fue y será…
La hoja del árbol en caer
Sobre la gramilla del texto,
Sobre las letras borroneadas,
Encima de los andenes derruidos,
Cuánto tarda
Si no quiere quedar congelada
En el espejo de mi gramática?
Cuanto tiempo se consume
En la abertura de la nada,
En el vacio de la existencia,
En la desesperación de una vida sin rumbo.
Cuanto?
O quizás no sea medible,
Ni pueda pesarse,
Como no se pesan mis versos
Cuando gravitan sobre tu mirada,
Cuando buscando un ingreso
A tu tímida morada,
Donde los pasos del deseo
No provocan ruidos balbuceantes
Sino un silencio de lujuria atrapante.
Y me repito obstinado cuanto?
Cuanto es el espacio recorrido
Hasta alcanzar un beso de domingo,
Un abrazo inesperado en la despedida
Que se transmutó en bienvenida
¿Cuánto es el tramo,
Cuanto los metros,
Cuanto los agujeros en una tarde,
Todavía invernal?
Pude contabilizar en mis bitácoras
De capitán del barco de mi vida,
De perspicaz pirata embaucador,
Que se dio a escribir sobre tus costillas de hembra,
Con el alfabeto que le dicta el éxtasis,
De bucanero perdido en cada ganancia,
Contando las muescas hecha en su espada,
Hasta que vi de frente unos ojos verdes,
Que sin intimidar me dieron señales
De llegar a la buena orilla,
A las barracas donde las flores crecían
Sin renegar de lo plantado y lo por regar.
Así deje de preguntarme por la cuantía
Y pase a poner mi mente en la esencia,
En eso que se ve cuando está oculto,
Que está muy presente cuando estas ausente,
Pensé por un instante
Es muy interesante dejar de preguntarse,
Es más valioso para el cantero de mis símbolos
Saber que al buscar te encontré
Y al encontrarte aprendí lo positivo de darse.
En esto si se tarda
Pero cada uno con su ritmo
Con su propio andar y su movimiento
Hasta comprender que no vale el tiempo
Sino la dirección del intento.
Así fue y será…
EL TIEMPO Y EL AMOR
Cuanto tarda
La hoja del árbol en caer
Sobre la gramilla del texto,
Sobre las letras borroneadas,
Encima de los andenes derruidos,
Cuánto tarda
Si no quiere quedar congelada
En el espejo de mi gramática?
Cuanto tiempo se consume
En la abertura de la nada,
En el vacio de la existencia,
En la desesperación de una vida sin rumbo.
Cuanto?
O quizás no sea medible,
Ni pueda pesarse,
Como no se pesan mis versos
Cuando gravitan sobre tu mirada,
Cuando buscando un ingreso
A tu tímida morada,
Donde los pasos del deseo
No provocan ruidos balbuceantes
Sino un silencio de lujuria atrapante.
Y me repito obstinado cuanto?
Cuanto es el espacio recorrido
Hasta alcanzar un beso de domingo,
Un abrazo inesperado en la despedida
Que se transmutó en bienvenida
¿Cuánto es el tramo,
Cuanto los metros,
Cuanto los agujeros en una tarde,
Todavía invernal?
Pude contabilizar en mis bitácoras
De capitán del barco de mi vida,
De perspicaz pirata embaucador,
Que se dio a escribir sobre tus costillas de hembra,
Con el alfabeto que le dicta el éxtasis,
De bucanero perdido en cada ganancia,
Contando las muescas hecha en su espada,
Hasta que vi de frente unos ojos verdes,
Que sin intimidar me dieron señales
De llegar a la buena orilla,
A las barracas donde las flores crecían
Sin renegar de lo plantado y lo por regar.
Así deje de preguntarme por la cuantía
Y pase a poner mi mente en la esencia,
En eso que se ve cuando está oculto,
Que está muy presente cuando estas ausente,
Pensé por un instante
Es muy interesante dejar de preguntarse,
Es más valioso para el cantero de mis símbolos
Saber que al buscar te encontré
Y al encontrarte aprendí lo positivo de darse.
En esto si se tarda
Pero cada uno con su ritmo
Con su propio andar y su movimiento
Hasta comprender que no vale el tiempo
Sino la dirección del intento.
Así fue y será…
La hoja del árbol en caer
Sobre la gramilla del texto,
Sobre las letras borroneadas,
Encima de los andenes derruidos,
Cuánto tarda
Si no quiere quedar congelada
En el espejo de mi gramática?
Cuanto tiempo se consume
En la abertura de la nada,
En el vacio de la existencia,
En la desesperación de una vida sin rumbo.
Cuanto?
O quizás no sea medible,
Ni pueda pesarse,
Como no se pesan mis versos
Cuando gravitan sobre tu mirada,
Cuando buscando un ingreso
A tu tímida morada,
Donde los pasos del deseo
No provocan ruidos balbuceantes
Sino un silencio de lujuria atrapante.
Y me repito obstinado cuanto?
Cuanto es el espacio recorrido
Hasta alcanzar un beso de domingo,
Un abrazo inesperado en la despedida
Que se transmutó en bienvenida
¿Cuánto es el tramo,
Cuanto los metros,
Cuanto los agujeros en una tarde,
Todavía invernal?
Pude contabilizar en mis bitácoras
De capitán del barco de mi vida,
De perspicaz pirata embaucador,
Que se dio a escribir sobre tus costillas de hembra,
Con el alfabeto que le dicta el éxtasis,
De bucanero perdido en cada ganancia,
Contando las muescas hecha en su espada,
Hasta que vi de frente unos ojos verdes,
Que sin intimidar me dieron señales
De llegar a la buena orilla,
A las barracas donde las flores crecían
Sin renegar de lo plantado y lo por regar.
Así deje de preguntarme por la cuantía
Y pase a poner mi mente en la esencia,
En eso que se ve cuando está oculto,
Que está muy presente cuando estas ausente,
Pensé por un instante
Es muy interesante dejar de preguntarse,
Es más valioso para el cantero de mis símbolos
Saber que al buscar te encontré
Y al encontrarte aprendí lo positivo de darse.
En esto si se tarda
Pero cada uno con su ritmo
Con su propio andar y su movimiento
Hasta comprender que no vale el tiempo
Sino la dirección del intento.
Así fue y será…
UN MINUTO, UNA VIDA...
Un minuto,
Es lo que le toma
Darse cuenta de su soledad,
Tan solo ese tiempo,
Tan poco tiempo,
Tan pesada carga
Y luego el sonido de unos petalos,
Los pasos aromados de un jazmin
En la tarde de este viernes primero,
En esta perdida latitud,
Cuando tu longitud despierta pasiones,
Los hombres miran parcos
Las mujeres ocultando sus deseos,
Nada hay que sea imposible,
Solo la torpeza del reloj o el campanario,
Solo el andar cansino de unos perros viejos,
Pero tú has entregado un minuto,
Con cada uno de sus sesenta segundos,
A pensar en esos instantes cuando se abate el desierto,
Esa nada como cascara de viento,
Y te ilusiona la entrada de la tarde
Porque sabes que llegaré,
Que rasgaré las telas de lo yermo,
Que de la division haremos unidad,
Que empujaremos en la misma dirección,
Que esa noche sin luna sera más noche,
Donde suplican las princesas y mendigos,
Justo lo mismo que dos mortales enamorados.
Aun en los parajes más perdidos.
Y afuera todo el silencio
Y adentro solo el susurro,
Solo las lluvias mentirosas de gotas
Dibujadas en una cartulina
Con tus faldas abandonadas en el ayer
Con mis prisas y las tuyas que muerden las vocales
Hasta encontrar palabra que designe
Que señale como cede paso la razon a la locura
En esos parajes de cielos resecos
De nubes partidas
De superficies con la tierra que se hace polvo
Y con el polvo que hemos recogido.
Ahora nos canta el grillo de la espesura
Sobrevuela casi al ras un puñado de luciernagas
No vendran calandrias hasta este espacio de pais olvidado
Saldra el sol sin levantarnos
Y buscaras entre tu ropa esparcida algun minuto
Miraras la escritura de mis poesias
Revisaras mi superficie ya sin luto
Regresaras alegre y cantando una canción
Por celebrar que el tiempo es tiempo
Que se derrocha o se atesora cuando llega la pasion.
Una vida
Es lo que lleva
Darse cuenta y seguir hacia adelante…
PIENSAS EN EL AMOR
Piensas,
Sumergida por un instante
Pareces ida,
Como se van las tardes de otoño,
Lenta, taciturnamente mustias,
Escapando de la sombras de la noche
O en busca de abrevar del rocío de algún pétalo,
En la marejada imparable de estrellas,
Que en su quietud nocturna
Hace de la austeridad todo derroche.
Piensas
Y yo te miro absorto,
Como se miran los amaneceres,
Los que alzan algún sol perezoso,
Sacándole punta a los rayos coloridos
Los que se elevaran sobre la pradera
De tus labios rojos
O de la bocacalle de algún pueblo cercano
De perfil
Te estoy viendo en este período,
Tan natural me es este costado
Sea desvestido o arropado,
Que mi fascinación nace de la locura,
Razón perdida por propia decisión,
Por apropiarme de mis argumentos
De mi aguda y pérfida mirada,
En los pantanos de espadas oxidadas
O en los lupanares de alejados momentos.
Me doy cuanta de que ya no estas,
Que te has marchado hacia el jardín,
Llevándote tus pensamientos
Y los míos tan ardientes,
Tan volcánicos y deseosos,
Que rompen imágenes de tu presencia
En el espacio en ignición durante la alborada,
En donde brotan, chocan y se hunden
Los aromas, movimientos y las acciones
Hasta que los sueños se adueñan de la escena
Lugar abierto sin la minima frontera
Sitio de líneas que cruzan estaciones
Y siento que ya no estoy
Que soy dentro de alguna pesadilla
De pronto despierto
Y tú pensando
Creo que nunca te has separado
Solo mis miedos, mis temores, mis fantasmas
Lagos sin agua ni peces nadando
Solo abro los ojos como las alas de nuestro velero
Y allí estas
En movimiento
Decididamente mía
Conocedora de mi entrega
Que con solo dos vocablos
Se puede abrir el abismo y no caeremos
Solo dos palabras
Traducidas como te amo
Componen la poesía más extensa
Tanto como nuestra.
Sumergida por un instante
Pareces ida,
Como se van las tardes de otoño,
Lenta, taciturnamente mustias,
Escapando de la sombras de la noche
O en busca de abrevar del rocío de algún pétalo,
En la marejada imparable de estrellas,
Que en su quietud nocturna
Hace de la austeridad todo derroche.
Piensas
Y yo te miro absorto,
Como se miran los amaneceres,
Los que alzan algún sol perezoso,
Sacándole punta a los rayos coloridos
Los que se elevaran sobre la pradera
De tus labios rojos
O de la bocacalle de algún pueblo cercano
De perfil
Te estoy viendo en este período,
Tan natural me es este costado
Sea desvestido o arropado,
Que mi fascinación nace de la locura,
Razón perdida por propia decisión,
Por apropiarme de mis argumentos
De mi aguda y pérfida mirada,
En los pantanos de espadas oxidadas
O en los lupanares de alejados momentos.
Me doy cuanta de que ya no estas,
Que te has marchado hacia el jardín,
Llevándote tus pensamientos
Y los míos tan ardientes,
Tan volcánicos y deseosos,
Que rompen imágenes de tu presencia
En el espacio en ignición durante la alborada,
En donde brotan, chocan y se hunden
Los aromas, movimientos y las acciones
Hasta que los sueños se adueñan de la escena
Lugar abierto sin la minima frontera
Sitio de líneas que cruzan estaciones
Y siento que ya no estoy
Que soy dentro de alguna pesadilla
De pronto despierto
Y tú pensando
Creo que nunca te has separado
Solo mis miedos, mis temores, mis fantasmas
Lagos sin agua ni peces nadando
Solo abro los ojos como las alas de nuestro velero
Y allí estas
En movimiento
Decididamente mía
Conocedora de mi entrega
Que con solo dos vocablos
Se puede abrir el abismo y no caeremos
Solo dos palabras
Traducidas como te amo
Componen la poesía más extensa
Tanto como nuestra.
PREGUNTAS...
Hasta donde va el agua
Que la víscera en mi frente no la capta,
Inmensidad de azul que se desparrama,
Hasta el confín donde un barco remonta la pendiente
Hasta donde va,
Me pregunto cargado de curiosidad,
Interrogante que me aparece de saber si escapa
En insolida corriente de vegetales
O si es que atraca en los bordes de esta playa
Impulsada por las aletas de la cotidianidad
Miro, sin anteojeras a veces,
Miro, sin prejuicios tantas otras,
Creo que en verdad el agua moja al universo
O que el infinito crece por esta humedad,
Al menos antes de largarme a esta orilla,
Luego de dejar ordenada la luz de mi ventanal.
Se que en mi barrio nadie cree
Que lo eterno nunca vaya a terminar,
Somos gente de pocas pulgas,
Ignorantes de las trigonometrías,
De las mitologías que fomentan los libros,
Pero devoradores de conversaciones simples,
De amores pocos sofisticados,
De posiciones que nos dejen en orsay.
Somos los vecinos que nadie quiere tener,
Los que emprenden aventuras en solitario,
Tardando extensas horas en volver,
Sin saber narrar que es lo que hemos visto,
Porque muy poco se parece a lo de acá.
Dicen que somos como niños inmaduros
Que nos sorprende la lluvia cuando cae a raudales,
Que nunca cuidamos la suela de los zapatos,
Que miramos a nuestra enamorada sintiéndonos seguros,
Que solemos apagar la luz cuando ya todo ha terminado,
Pero se que de esa triste difamación nadie hace caso,
Ni siquiera procuran hacer leña del árbol por nacer.
Somos un grupo de habitantes de islas amatorias
Nunca conquistadas ni con guerras ni con ceremonias,
Con mi sumisión expuesta a la vista de mi mujer,
Más nos vale celebrar cada nuevo amanecer,
A ser valientes que nunca reconocerá la historia.
Vale entonces allegarse hasta algún risco,
De esos que no pululan en la ciudad
O correr en la campiña sintiendo la libertad
De las vocales que se agrupan para la escritura,
Pájaros de vuelo liviano cuando le hablan al amor
En las plazoletas cercadas de alguna catedral,
Cuando el campanario de tu lujuria,
Haga que suene los cascabeles de mi vigilia,
Hasta la entrega resumida de las últimas gotas,
De mi impericia de amante con carne de seductor,
Se que en este pueblo de júbilos frecuentes,
Cuando vienes a nuestro lecho nos cubre un gran candor.
Hasta donde llega el canto de un jilguero matinal,
Hasta donde y hasta cuando puede uno preguntar,
Ya que los poetas son niños grandes
Difícil de contentar.
Que la víscera en mi frente no la capta,
Inmensidad de azul que se desparrama,
Hasta el confín donde un barco remonta la pendiente
Hasta donde va,
Me pregunto cargado de curiosidad,
Interrogante que me aparece de saber si escapa
En insolida corriente de vegetales
O si es que atraca en los bordes de esta playa
Impulsada por las aletas de la cotidianidad
Miro, sin anteojeras a veces,
Miro, sin prejuicios tantas otras,
Creo que en verdad el agua moja al universo
O que el infinito crece por esta humedad,
Al menos antes de largarme a esta orilla,
Luego de dejar ordenada la luz de mi ventanal.
Se que en mi barrio nadie cree
Que lo eterno nunca vaya a terminar,
Somos gente de pocas pulgas,
Ignorantes de las trigonometrías,
De las mitologías que fomentan los libros,
Pero devoradores de conversaciones simples,
De amores pocos sofisticados,
De posiciones que nos dejen en orsay.
Somos los vecinos que nadie quiere tener,
Los que emprenden aventuras en solitario,
Tardando extensas horas en volver,
Sin saber narrar que es lo que hemos visto,
Porque muy poco se parece a lo de acá.
Dicen que somos como niños inmaduros
Que nos sorprende la lluvia cuando cae a raudales,
Que nunca cuidamos la suela de los zapatos,
Que miramos a nuestra enamorada sintiéndonos seguros,
Que solemos apagar la luz cuando ya todo ha terminado,
Pero se que de esa triste difamación nadie hace caso,
Ni siquiera procuran hacer leña del árbol por nacer.
Somos un grupo de habitantes de islas amatorias
Nunca conquistadas ni con guerras ni con ceremonias,
Con mi sumisión expuesta a la vista de mi mujer,
Más nos vale celebrar cada nuevo amanecer,
A ser valientes que nunca reconocerá la historia.
Vale entonces allegarse hasta algún risco,
De esos que no pululan en la ciudad
O correr en la campiña sintiendo la libertad
De las vocales que se agrupan para la escritura,
Pájaros de vuelo liviano cuando le hablan al amor
En las plazoletas cercadas de alguna catedral,
Cuando el campanario de tu lujuria,
Haga que suene los cascabeles de mi vigilia,
Hasta la entrega resumida de las últimas gotas,
De mi impericia de amante con carne de seductor,
Se que en este pueblo de júbilos frecuentes,
Cuando vienes a nuestro lecho nos cubre un gran candor.
Hasta donde llega el canto de un jilguero matinal,
Hasta donde y hasta cuando puede uno preguntar,
Ya que los poetas son niños grandes
Difícil de contentar.
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