viernes, 2 de octubre de 2015

EL TIEMPO DEL AMOR


Alguien
en algún lugar del universo
sabe que hablo del pasado pensando en este hoy
dicen bien que lo pasado pisado
digo para mis adentros
si te recorro sin intención de tiempo
si en este recorrido nada esta estanco
a tal punto que mi memoria no te reconoce
me entra la duda si es mi ahora o el pasado de otro inocente
pero como el tiempo carece de objetividad
como mi pacto con los dioses en retirada
era apropiarme enteramente del infinito
era y es vivir cada lapso como el último de la existencia
dejando en ese sitio la semilla
de que poco registro queda de lo vivido
tan solo en la memoria de nuestros seres queridos
es que reniego de ser bandera de sentimientos deprimentes
o recordatorios que no me devolverán la alegría
prefiero el silencio eterno de ultratumba
los ladridos de los viejos cancerberos
que mientras me materializo en nada subversiva
en un volcán en erupción suprema
se derriten mis partes aun imaginadas
y en esa vigilia de retazos polvorientos
pueda ponerle un nombre a la sombra de una silueta
arrancada de las garras afiladas del deseo
bañada en las aguas de la lujuria temprana
saboreada por el viento como si fuera el único
no sabe que vendrás hasta el rectángulo de mi puerta
encenderás la luz en esta antigua madriguera
esta tan tuya que tiene tus ropas por doquier
más aún están estampado los gemidos interminables
el rastro de tus manos moviéndose en sincronía
los besos incompletos que esperan ser terminados
el espejo rectos de los reflejos
que conserva cada huida, cada estada y cada vuelta
en un tiempo que nunca me animare a decir que fue pasado.

Roberto Brindisi

martes, 29 de septiembre de 2015

NO HAY ESPERA EN VANO


En el silencio de mi texto
se hundió una pluma ansiosa
una compulsión por desbordar lo impreciso
los indefinidos límites de mi balbuceo
allí donde la palabra naufraga
solo sonidos guturales dan señal de muerte
no vive la poesía en la oscuridad absoluta
pero siempre el texto intenta reflotar
en otras manos
en otros ojos
o en la mirada de un soñador incorregible
siento que la esquina porteña me susurra
cosas que imagino imprescindibles
sobre los adoquines de mi vieja Buenos Aires
hay danzando como fantasmas miles de historias
millones se encuentran enterradas
es que en distintas fechas nacieron o murieron
pero siempre gozaron de alguna alborada
en esa lejana zona donde el español se hizo sureño
esta ciudad y mis sueños se armaron de retazos de amores
en el rio quedaron los odios viejos
mas en mi cuarto el canto mustio de una hembra en celo
de unas piernas que al desplegarse alzan el vuelo
serán los labios que quisieron amarrarse al beso
o quizás ese gemido sordo que sabe a llanto y lujuria
se que por las calles de mi barrio ciego
volverán a repicar los tacones de tu insomnio
regresara la dermis desnuda en busca de placeres
querrá saber si aún conservo la madrugada eterna
esa hecha de astillas de pesadillas chuecas
vendrá por los bordes de una angustia
conocedora que no hay deseo satisfecho
que no se pague con algo de dolores
aun la evocación de los mejores incendios
de los que se apagan a medianoche
y se encienden con el despojo de tus tardes ebrias
pero vendrás porque aquí yo espero
a la vera de mi camastro revuelto
en una espera que me resulta conocida por lo inesperada
que me resulta excitante porque sé que es lo que quiero.
Roberto Brindisi




miércoles, 23 de septiembre de 2015

GUARDAR LA VIDA Y LA MUERTE




En el primer cajón
de una cómoda antigua
tengo guardado besos resecos
cuya humedad se escurrieron en el atardecer
de la muerte de mi sueño surreal
busque decidido en el closet
la humedad de tus orgasmos
de anocheceres hechiceros
en el que el mudo de la casa
intento decir una oración cualquiera
solo quiso recordar lo que miraba
a travez del ojo de la cerradura de un cenicero
y entre esas cenizas inexistentes
sintió que regresaba las formas de una hembra
la que se ponía en pie luego de cercenarle sus extremidades
o alzarlas hasta el nirvana de unos hombros
que permitían que todo fuera más real y expuesto
pero el sigiloso cerro su boca
abrió la ventana por donde huyeron los pájaros fenecidos
y dejo que penetrara un tiempo robado en otro lado
que desgastaba sus monedas de papel
en el mostrador de una cantina de un burdel
por donde transitaban esqueletos habitantes
de miles de pesadillas de esas noches negras mías
quizás, dijo el filósofo, el amor hay muerto junto a dios
quizás estemos viviendo en un ayer eterno
del que no despertaremos nunca mas
y esas siluetas de mujeres predispuestas
harán el amor reiteradamente
en tanto las manchas de humedad de mi habitación
desparraman su liquido hasta el vidrio del espejo
viejo centinela de almas lujuriosas en vuelo
refractante de soledades eternas que acogen el silencio
en estos siglos de barbarie no hubo incendio
que impidieran que llevara su minucioso registro
transeúnte inmóvil de una vida en la vigilia
no se donde terminara esta infinita muerte
ni donde comenzara la inevitable vida
quizás el universo sea más que astros agujereados
y este marcado por lo inevitable de esta suerte.
Roberto Brindisi

domingo, 6 de septiembre de 2015

EL SILENCIO FIEL


El silencio
amo eterno de esos sueños míos
estepa árida en donde mueren los dolores
lugar inmerecido para cada poesía
a veces bienvenido
cuando olvido decir lo que lastima
lo que muerde las  atentas palabras
o las contundentes
pero a pesar de todo
cómplice de múltiples veladas
en donde evoco aquella sonrisa tuya
aquellos dichos envenenados
y cuando digo tuya
no puedo ponerle un nombre
han sido tantos los latidos
como tantas las veces que mentimos
que el silencio después de todo
fue un paréntesis
hasta consagrar miradas nuevas
ver navegar sonrisas frescas
dejar que rompa la marea
el bullicio sordo de otra hembra
con la esperanza de que venga descargada
vestida quizás de rojo
como esa sangre mía que me inunda
o esos labios que imagino en su crescendo
es allí donde el silencio
le gana a la muerte su prestigio de hechicero
su abrumador poder para engendrar poemas sabios
o necedades vestidas de faldas recortadas
entre este aroma a noche en velo
entre los dientes de una luna llena
en este laberinto que es mi vida
el amor se me aparece como un toro arisco
como una mano escurridiza
como los dedos extendidos sobre mi desnuda piel
que pretender dejar una profunda huella
se que la calma falsa de mi espejo antiguo
incomprendido devorador de imágenes
esperan en su ansiedad que aparezca ella
como respues a ese silencio extenso y fiel.
Roberto Brindisi


lunes, 31 de agosto de 2015

SOLO ES LOCURA


Tanta locura
dando vueltas a mi alrededor
que de no estar demente
quizás me habría conmovido
o contagiado
quizás la locura me acaricie
porque me sabe indócil
traicionero
capaz de volver a dejarla
por alguna tarde de amor en primavera
pero le he dicho
que esa es otra forma de locura
es como cortarse con objetos filosos
sino es la afilada daga
es el vidrio puntiagudo
a veces pienso que invisible pueblo
ocupa gran parte de mi memoria extensa
de mis añorados días de temprana juventud
cuando no cabía en ese envoltorio extraño
me empecine en ver llover cenizas
hasta que en un muro claro
dibuje mis extrañas alegorías al cansancio
mientras miraba a la luna enloquecida
repetir incesante sus intratables ciclos
vi que asomabas tu silueta de entre la bruma seca
vi cómo se rompían los espacios pobres
los estrechas senderos por donde atraviesas
estas noches de humo y alcohol humedecido
hasta que caes rendida en mis jardines
los de baldosas duras
a los que les crece el deseo contaminado de su dueño
sentirás que unas garras te aprisionan
mas tu acostumbradas a ellas
no pondrás reparo sino lujuria
no dirás que fuiste inocentemente embaucada
cuando ya no queda lobo al que no amansaste
ni grito que no te imite
en ese jadeo intenso de medianoche
en ese intempestivo vuelo sobre mi lecho
recogeré las velas de mis apuros
intentaré saciarte ante mis espejos
viéndote desnuda sin despegarte
de lo que quedan de mis años duros.
Roberto Brindisi


NADA NACIO EN AGOSTO


Como una hoja
en mustia extinción
se muere agosto
se le van cerrando los ojos
sin atinar a ver que sigue
fue un mes de pocos cuerpos luminosos
de café desabrido en madrugada
fue tanta soledad
tanto silencio
que atronador se despide sin memoria
no supo estimar los días de sol doliente
solo la lluvia
el viento gris y frio
la austeridad de mi mirada
el creciente malestar de los gorriones
que vuelan arrastrándose en el aire
mas ninguna noche de niebla áspera
pudo sentir los pasos de la hembra deseada
no llego
y me temo que en estas últimas horas no lo haga
su presencia partiría en dos
a este mes de fríos e inadecuados recuerdos
treinta y un días para parir media noche de lujuria
no tiene mucho sentido
el significado de la muerte no se develara
ni el sentido de la vida ha de tener respuesta
solo hay hambre detrás de los mendrugos
solo un rio de tinta seca ahogo mi poesía
entre ese paréntesis seguí andando
me transforme en tortuoso puntos suspensivos
cargue de gramática a mis mejores armas
y empecé a cuestionar la tarde con adjetivos
en tanto entre dormido pensé que llegabas
solo era el eco de tus pasos en mi memoria
solo unos besos que se marchitan sin regarlos
unas manos estirándose en el espacio
buscando un rostro familiar al que acariciar
pero agosto a incendiado la pradera
no nacerán afectos hasta un nuevo mes del año
queda la espera, eterna e inacabable
como mi ilusión ahora prisionera.
Roberto Brindisi




lunes, 3 de agosto de 2015

SUPONER




Supongo
que mi mirada herida
desgarrada
detrás de una mancha brumosa
no percibió el final
se engaño en la miseria de unas palabras
invisibles
casi desdentadas
con vocales que rengueaban
detrás de un adjetivo errante
vocablos vacíos de verdades
yo que se extensamente
que nunca se llega al abismo
por el sendero de la honestidad
creí que había más metros de terreno
mas espacio por donde hacer entrar el tiempo
supongo que fui cómplice necesario
se que desperté demasiado tarde
que desde la prisión de soledad
veo los barrotes de la angustia
creo extrañar esa depresión en compañía
mas aprendí que nunca se vuelve al mismo sitio
ni se pisa el mismo suelo
ese agujero en mi lecho se rellenara
como se rellena mi existencia
solo sé que hay calma en esta espera
que no sabe de retornos
sino de comienzos entusiastas
de ilusiones subversivas atrincheradas
quedo atrás esa visión luctuosa
he comenzado a abrir las jaulas de los gorriones
se han puesto a volar los instantes
las horas ayer aletargadas van cobrando vida
supongo que debo suponer
que esto es estar de pie del lado acertado
he zurcido cada tajo de esta lastimadura
he dejado que nacieran mis alas afiladas
he descorrido la desnudez de mis espejos
ha vuelto a ingresar la ventana por mis soles ignorados
se que es hora de compañía en las infinitas madrugadas
porque es el amor que viene de lejos
será para curar mi mirada de hombre enamorado.
Roberto Brindisi