Repentinamente,
Se me ha ocurrido
Que podías ayudarme a ser feliz,
Ser quizás el centro de mis halagos,
El rasgo suave que observa mi mirada,
El sentido último de mis mañanas,
El nombre que se cuele entre mis sueños,
La mano suave que arremeta mi calma,
El murmullo que quiebre mi silencio
La piel que se apiade de mi piel reseca,
Los poros que húmedos mojen mis alboradas.
Tal vez siendo rosa
Puedas reverdecer mi vergel,
Traer de nuevo las alondras de la mar
A sobrevolar el médano añoso de mí lecho,
Amansar la bravura de tantas olas de soledad,
Rajar de lado a lado esta noche,
Dejar que se asome la luna partida a mi balcón,
Sentarte vestida de letras, de vocales,
De palabras sin gravedad ni agudeza,
En la punta exacta de mis versos,
Cuando en la hoja blanca de mi existencia
Te pida que te animes al primer garabato.
No sé, solo se me ocurre…
Debería tu boca abrirse y acceder
O quizás al bajar la vista sonrosada
Decir que quieres probar a ser mujer
Que se incorporé suavemente en las madrugadas
Beba del cántaro la miel de mis adjetivos
Cruce inmóvil a lo largo y ancho nuestro cuarto
Impulse hasta estampar su imagen en el espejo
El mismo al que en otra ocasión le cantara un viejo
Bardo ciego, genial y alguna vez intensamente harto.
En este rapto de sinceridad
No tengo más discurso que intención,
De tanto observarte en un extenso verde,
El del horizonte cercano,
Aquel al que tal vez acceda yo algún día,
Mientras miro por la ventana,
Tocando la partitura de una canción en este piano,
Escuchando en mi mente alucinada
Que me dirás que sí,
Que ya no quedan límites sin franquear,
Que se puede ser feliz,
Si pides los deseos en tiempo y forma,
Si lo sincero se impone al qué dirán,
Si aprendemos a incendiarnos mutuamente
En un ritual que no reconoce religión,
Solo recorrerse lentamente,
A cada momento,
En el letargo de una tarde otoñal,
Cuando al abrir nuestras pupilas,
El mundo quede bruscamente reducido
A un par de locos en el fin de su mutua soledad.
Repentinamente, creo
Se me ocurrió…se te ocurrió
Que nada pasa por azar.
jueves, 28 de julio de 2011
MOMENTOS
Hay momentos
En que nadie se aleja,
En los que nadie se acerca
Y yo con mis cartas españolas
Jugando al solitario
Entre los cauces de tus piernas
O en el arduo calor de esta tarde.
Son eso momentos
En los que aumenta mi temor a la muerte,
La que sigilosa hace trampas en el juego de barajas,
La que cuando se decide no da revancha
Y de bravo as de espada me transformo en carta de copas.
Hay otros instantes
En que llueven guirnaldas azules
Desde el cielo de mi barrio,
Lugar perfecto para ver un universo humilde,
Con carrozas tiradas por corceles de calesa,
Con serpentina humedecida en el llanto de una novia
Abandonada, humillada, dejada tras el carnaval
De noches inmisericordes,
Donde la carne en soledad,
Fue entronizada y consagrada,
Mintiendo sentimientos amorosos,
Para ver amanecer la hipocresía
Del egoísmo desalmado del embustero,
Quien sin reparar a quien ni a que dañaba
Clavo sus patrañas con tiro afilado y certero.
Hay segundos en que la vida
Crea espejismo de belleza absoluta.
Trae del oscuro ostracismo,
Los vientos antiguos,
Los sonidos postreros,
La silueta de la mujer que amó
Y fue amada,
Como ninguna
En el silencio de la nada
O en los ecos de una melancolía,
Que la espuma del mar dejo en la arena de la playa,
Mientras perecía la alondra esperanzada,
En tanto las onduladas desilusiones
Partían mar adentro,
Como se internan tantas cosas
Buenas y de las que no
Mientras despierto y beso tu espalda desnuda,
En el momento que bordea el precipicio.
En que nadie se aleja,
En los que nadie se acerca
Y yo con mis cartas españolas
Jugando al solitario
Entre los cauces de tus piernas
O en el arduo calor de esta tarde.
Son eso momentos
En los que aumenta mi temor a la muerte,
La que sigilosa hace trampas en el juego de barajas,
La que cuando se decide no da revancha
Y de bravo as de espada me transformo en carta de copas.
Hay otros instantes
En que llueven guirnaldas azules
Desde el cielo de mi barrio,
Lugar perfecto para ver un universo humilde,
Con carrozas tiradas por corceles de calesa,
Con serpentina humedecida en el llanto de una novia
Abandonada, humillada, dejada tras el carnaval
De noches inmisericordes,
Donde la carne en soledad,
Fue entronizada y consagrada,
Mintiendo sentimientos amorosos,
Para ver amanecer la hipocresía
Del egoísmo desalmado del embustero,
Quien sin reparar a quien ni a que dañaba
Clavo sus patrañas con tiro afilado y certero.
Hay segundos en que la vida
Crea espejismo de belleza absoluta.
Trae del oscuro ostracismo,
Los vientos antiguos,
Los sonidos postreros,
La silueta de la mujer que amó
Y fue amada,
Como ninguna
En el silencio de la nada
O en los ecos de una melancolía,
Que la espuma del mar dejo en la arena de la playa,
Mientras perecía la alondra esperanzada,
En tanto las onduladas desilusiones
Partían mar adentro,
Como se internan tantas cosas
Buenas y de las que no
Mientras despierto y beso tu espalda desnuda,
En el momento que bordea el precipicio.
jueves, 21 de julio de 2011
ES UNA NUEVA NOCHE...
Es una nueva noche
Si las noches pueden renovarse
Es una nueva noche digo
Mientras espero el río de tus letras
El rumor pleno de tus pasos
El hambre insaciable de mi boca
Ya se ha presentado
Ahora mira el cielo azul
Donde mis ojos muerden nubes
De un cuerpo tuyo imaginario
Es una nueva noche
La de roja sangre que circula por las venas
La de la verde esperanza de no dormir
Sino acurrucado entre tus versos
Mientras se raja de par en par
El deseo del espejo al presumir
Que en esta oscura velada
No podrá oírnos
No podrá tocarnos
No podrá decirnos
Se desvertebrara en intentos
Por retener un segundo del movimiento
Del naufragio reiterado de los navíos
Que encallan
Que salen a la mar
Que retornan golpeados por las olas
Que terminan las velas humedecidas
Por el rocío eterno
De un encuentro que requiere
De espacios y de esperas
De vacilación en cada nuevo infierno
Y siento que en esta nueva noche
No quedan pájaros en el alero
Ni emigran las estrellas de primavera
Quienes se bañan en las luces
Desplegadas en el universo
Cuando el anochecer se hace minuto
La sombra no retiene el breve tiempo
Y aquí, en algún lugar de nuestra vida,
En el color de averno guardado para siempre,
Se mezcla tu silueta,
La que viene yéndose hacia mis adentros,
Mientras yo salgo a tu encuentro,
En un desborde de silencio de tarde fenecida.
Ya muerdes las piedras consagradas,
Las que se apilan desordenadas
Transformándose en altares,
A la mirada de tu deseo,
Al éxtasis de tu llegada,
Cuando el cóndor herido de mi pluma,
Escribe palabra tras palabra,
Que es una nueva noche,
Como contigo no temo a que venga el nuevo día.
EL VALOR DE AMAR
Desde donde vengo,
Lugar sin espacio,
Con vacíos desdibujados,
Con minutos estancados,
Con plazas sin hamacas
De juegos destruidos,
De noches oscuras
Como fondo del blanco de mi insomnio,
Desde ese lugar tan frío
Se puede remontar la vida,
Aunque parezca cuesta arriba imposible,
Se puede sino se sucumbe en la tentativa,
Y creo que pude más por cobardía,
A perder lo poco que tenía,
Que a la valentía de apagar tanto dolor,
Valor este que es una peor manera de evadirse,
De nadar, como muchos, en las aguas más liosas.
Como constaté que pude,
Como sufrí muchas veces el poder,
Como me quise rendir en medio de la pelea,
Es que valoro haber tenido un domingo de sol
Con días sucesivos,
En los que no han hecho agua,
Sino han parido gotas de armonía
En el recorrido por el calendario,
Gotas que aun muy divididas,
Han soldado las sombras de las soledades,
Le han dado una única voz al deseo,
Se han mecido en tardes aturdidas,
En anocheceres con pocas salvedades,
En las mañanas de dedos entrecruzados.
Se que he parido alboradas,
En las que el sueño nos cobijaba,
En mi país sin fronteras ni accidentes,
Confundido con el tuyo de líneas coloradas,
De geografía accidentada,
Con nombres en tus tribus antañas,
Configuradas en mis algarabías,
Danzarinas de bailes gitanos,
Castañuela entre tus delgadas piernas,
Que revisten el desnudo de tu vientre,
Con pañuelos multicolores coloreando el suelo.
De donde vengo,
Que es mucho más oscuro
Que lo que pueda uno recordar,
De donde vengo, no hay luces ni olores,
Solo el de la muerte que espera quieta,
Pocos nos asomamos al borde de lo inalcanzable
Para que ahora sea solo es una evocación
No me olvide nunca
Que los milagros pueden suceder
Que los milagros pueden concretarse
De color azul templado o verde esperanzado
Teniendo tú forma de mujer.
Desde donde vengo y a donde llegue…
AHORA ES...
Ahora,
Cuando solo queda
El ultimo vuelo de tu beso,
Me pregunto
Que maravilla lo superará.
Son horas de penumbras,
Allí donde se trenzan los lobos
Hambrientos de cariño,
Alimentados por la leche de la soledad,
Con las ventanas abiertas,
Por donde ingresa la luna,
Curiosa y celosa,
Luna que espía hasta la madrugada,
Como aman los que pueden,
Como aman los que quieren,
Como lo hacen aquellos dos.
La luna crece entre árboles,
Con ramas de embelesamiento
Y en el cuarto la sombra de los movimientos,
En su lento desplazarse,
Mira y ve su silueta en un espejo,
Siente la alegría de ser parte,
De una trilogía con los amantes.
Ahora,
Cuando ya la eternidad
Se ha desvanecido,
Cuando no quedan mares por sondear,
Cuando la tierra toda pareciera estallar,
Me trepo por tus verbos,
Hasta que me enseñas el verbo amar.
Creo que los sueños
Se han fundido con nuestra realidad,
La vigilia traza líneas,
Suma los vectores de la ansiedad,
Corre al borde de la cordura,
En una algaraza alrededor del manantial,
El que puede verse por el agujero de la cerradura
O entre las partes que narro con pasión,
Se sumergen en tus rías,
Aparecen en las nubes de tu mirada,
Crecen con los movimientos de tus dedos,
Mientras escondo entre tus cabellos,
Mis manos, mis caricias, las que saltan
En esta fiesta pagana,
De hechizos y sensualidad,
Ahora cuando no tengo prisa,
Cuando duermes en mi sueño,
Escribo versos nuevos,
Versos que forman poemas
O una simple narración
Algo que por tanto empeño
Vale cada día volver a empezar.
Cuando solo queda
El ultimo vuelo de tu beso,
Me pregunto
Que maravilla lo superará.
Son horas de penumbras,
Allí donde se trenzan los lobos
Hambrientos de cariño,
Alimentados por la leche de la soledad,
Con las ventanas abiertas,
Por donde ingresa la luna,
Curiosa y celosa,
Luna que espía hasta la madrugada,
Como aman los que pueden,
Como aman los que quieren,
Como lo hacen aquellos dos.
La luna crece entre árboles,
Con ramas de embelesamiento
Y en el cuarto la sombra de los movimientos,
En su lento desplazarse,
Mira y ve su silueta en un espejo,
Siente la alegría de ser parte,
De una trilogía con los amantes.
Ahora,
Cuando ya la eternidad
Se ha desvanecido,
Cuando no quedan mares por sondear,
Cuando la tierra toda pareciera estallar,
Me trepo por tus verbos,
Hasta que me enseñas el verbo amar.
Creo que los sueños
Se han fundido con nuestra realidad,
La vigilia traza líneas,
Suma los vectores de la ansiedad,
Corre al borde de la cordura,
En una algaraza alrededor del manantial,
El que puede verse por el agujero de la cerradura
O entre las partes que narro con pasión,
Se sumergen en tus rías,
Aparecen en las nubes de tu mirada,
Crecen con los movimientos de tus dedos,
Mientras escondo entre tus cabellos,
Mis manos, mis caricias, las que saltan
En esta fiesta pagana,
De hechizos y sensualidad,
Ahora cuando no tengo prisa,
Cuando duermes en mi sueño,
Escribo versos nuevos,
Versos que forman poemas
O una simple narración
Algo que por tanto empeño
Vale cada día volver a empezar.
LA DUREZA DEL DESAMOR...
Duro
El tiempo que dobla
Por la esquina despintada de mi cuadra.
Duro
Sin guardar las debidas simetrías
O las irregularidades despeinadas
En las márgenes izquierdas del Río de la Plata.
Y sigue allí con su dureza,
A la espera de un invierno más clemente,
Salvador
De las ilusiones que tejió en las otras estaciones,
Creyendo ser digno
De una caricia que lo ablandara,
De un suave beso que lo iluminara,
De tantas cosas que lo transformaran,
Recuperando el candor de su inocencia,
En esta parte de mi ciudad,
Donde el humo envía señales,
Para apaciguar las voces discordantes,
Los tumultos vacíos de individuos,
Es humo o simplemente vapor,
De ese que en los fríos días de invierno
Capturan las palabras expelidas,
Los signos que parten mi circunferencia,
Porque descubro que no es el peor averno,
Que hay páginas que parecen ser leídas,
Sabiendo que el amor no es una ciencia,
Reconociendo que una verde mirada tuya
Pone a andar nuevamente la alegría,
Deja atrás los fríos en que me envuelvo aterido,
Recuperando la tibieza de mis manos suaves.
Ya no hay dureza
Cuando el amor golpea cada latido,
Cuando se encuentra presente en los suspiros,
Cuando te veo a través de las sombras de las letras,
Cuando al escribir se que ya no son vocablos,
Son las partes de tu humanidad,
Esa que se entrega enteramente,
En las patrias despojadas de fronteras,
En los pueblos alegres de mi boca,
En esas tardes en que se pierde el sol,
Mientras se ganan inmensidades de lunas,
Tan mías, tan tuyas, tan nuestras,
Que veo en ese momento como no hay dureza,
Solo esa parte libre de mi reconversión,
De puro cielo sin nubarrones,
En los paisajes de nuestra entereza,
Para entregarnos sin otra razón que la de amarnos,
Sin otra ambición ni calculo ruin,
Que suele parecer una grisácea rareza,
Donde el amor y la entrega,
Son los materiales que dan consistencia,
A dos seres fundantes de su propios paraísos,
En esta tierra de ayeres fundidos,
En este campo enteramente ignorado,
Donde solo valen los sentimientos
Y sobre todo esta poesía surgida de la urgencia...
El tiempo que dobla
Por la esquina despintada de mi cuadra.
Duro
Sin guardar las debidas simetrías
O las irregularidades despeinadas
En las márgenes izquierdas del Río de la Plata.
Y sigue allí con su dureza,
A la espera de un invierno más clemente,
Salvador
De las ilusiones que tejió en las otras estaciones,
Creyendo ser digno
De una caricia que lo ablandara,
De un suave beso que lo iluminara,
De tantas cosas que lo transformaran,
Recuperando el candor de su inocencia,
En esta parte de mi ciudad,
Donde el humo envía señales,
Para apaciguar las voces discordantes,
Los tumultos vacíos de individuos,
Es humo o simplemente vapor,
De ese que en los fríos días de invierno
Capturan las palabras expelidas,
Los signos que parten mi circunferencia,
Porque descubro que no es el peor averno,
Que hay páginas que parecen ser leídas,
Sabiendo que el amor no es una ciencia,
Reconociendo que una verde mirada tuya
Pone a andar nuevamente la alegría,
Deja atrás los fríos en que me envuelvo aterido,
Recuperando la tibieza de mis manos suaves.
Ya no hay dureza
Cuando el amor golpea cada latido,
Cuando se encuentra presente en los suspiros,
Cuando te veo a través de las sombras de las letras,
Cuando al escribir se que ya no son vocablos,
Son las partes de tu humanidad,
Esa que se entrega enteramente,
En las patrias despojadas de fronteras,
En los pueblos alegres de mi boca,
En esas tardes en que se pierde el sol,
Mientras se ganan inmensidades de lunas,
Tan mías, tan tuyas, tan nuestras,
Que veo en ese momento como no hay dureza,
Solo esa parte libre de mi reconversión,
De puro cielo sin nubarrones,
En los paisajes de nuestra entereza,
Para entregarnos sin otra razón que la de amarnos,
Sin otra ambición ni calculo ruin,
Que suele parecer una grisácea rareza,
Donde el amor y la entrega,
Son los materiales que dan consistencia,
A dos seres fundantes de su propios paraísos,
En esta tierra de ayeres fundidos,
En este campo enteramente ignorado,
Donde solo valen los sentimientos
Y sobre todo esta poesía surgida de la urgencia...
ALGUNAS COSAS...
Alguna vez me pregunte
Quien eras,
De donde venias,
Porque no te había conocido antes…
Y mi parque de preguntas continuaba,
Como las hojas de ese árbol de la vida,
Del pleno conocimiento,
Plantado y prohibido en el centro del Edén,
Disolviéndose al encontrar la punta de la respuesta,
Tocando tierra virginal,
Superficie dura como una mirada,
Cuando esta cargada de odio y rencores.
Allí fui a parar,
A empezar a trabajar con mis dudas nuevas,
Pero te vi a mi lado compañera,
Porque tus acertijos eran similares a los míos,
Nos observamos,
Ya no solo sensualmente,
Sino creídos de compartir el suelo,
De construir juntos el sueño,
Con los elementos recogidos del ayer,
Con los retazos de hace unos instantes
Dispuestos a ser creciendo hacia delante.
Entendimos que éramos uno para el otro,
Que no hay paraíso sin nosotros,
Ni infiernos que quemen más que tus caricias,
Que las cosas suelen tener un nombre,
Aquel que a los dos se nos antoja,
Y fuimos mansos arando las olas de la mar,
Rebeldes en aceptar mandamientos extranjeros,
Pero elevados como infantes,
Ante las gotas de una lluvia de verano
O los copos de nieves cayendo entre tus dedos.
Pasa que de vez en cuando
Uno vuelve a preguntarse, a redescubrir
A aquel ser que lo completa,
Que no es más que el espejo que refleja a uno mismo,
Seguramente con otra forma,
Posiblemente con otros gestos,
Porque, como dices, lo que se hereda no se roba,
Y ahí quedó paralizado viendo como crece un arco iris
Entre tus bellos senos matinales
O por las tardes me lavo las manos en tus arroyos,
Esos que se devoran mis ojos marrones,
A pesar de todo hicimos nuestras ropas,
Con las palabras de este nuevo alfabeto
Y siembro mis semillas prodigiosas,
Entre los surcos de tu piel o de los soplos de tu pelvis,
Asumo que no soy dios sino un ángel
Que cuida tu deidad de primeriza,
Entre los mantos vegetales de este jardín
En el que reverdecen cada día las quimeras,
Las que aplauden estruendosas los soplidos,
De este amor que comenzó en primavera.
Solo de tanto en tanto me pregunto algunas cosas….
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