Existirá la noche
En que me adueñe de las palabras,
En que las introduzca una a una
En la ranura de estas horas,
En la que al escribirlas con mi lengua
Las encuentre intraducibles,
Solamente entendible en el espacio
De tu cuerpo y en la pureza de tu alma.
Como en las tormentas de verano
Las palabras lloverán a cántaro,
Caerán las vocales como garúa
Completando las oraciones del deseo.
Sigo creyendo que encontrare el vocablo
Antes de que amanezcan los silencios,
Eso que no llegan a serlo porque se componen
De innumerables simulacros de completarlos,
Con la mentira de la cáscara de un símbolo,
Con la pretendida mascara de decir algo,
Cuando se imposta ante el miedo al mutismo,
¿Será por esto que tantos seres en este sitio
No se atreven a encontrarse consigo mismo?
Hay palabras que se construyen en el pasaje,
Hay otras que ya tienen una tradición,
Pero navegar por las aguas de tus ríos,
Me lleva a pensar los adjetivos en este viaje.
Los momentos en que tardo en parir un verbo,
Son instantes cargados de partículas de nada,
Como es tan sólida tu verde y amorosa mirada,
Que revelan la perfección de mi acerbo.
He podido contarte historias sin usar el abecedario
Enfrentando nuestros ojos,
Sintiendo las pestañas,
Labrando los poros de tu espalda,
Como invadiendo las franjas rosadas del mediodía
Cuando arrodillado sobre tu falda desnuda,
Busco el cincel que tallara mis letras,
En las robustas guerrillas de tus senos
O en las irregularidades de tus formas.
Noche que no es palabra,
Noche que aun no sale a luna,
Noche que te atormentas en tu desdicha,
Noche que no puedes nombrar el beso,
A pesar de esta búsqueda pertinaz,
Se que antes de alcanzarte me besaras tres veces
Antes de que cante un gallo
Y quizás otras mil porque te parece
Y de entre esa maraña de pensamientos míos,
En esta noche en la que nos hemos amado,
Fui balbuceando unas palabras,
De las que me fui adueñando,
Mientras que te quiero en el entramado
De noches y múltiples alboradas.
Amarte precedio a la palabra
Y fue justo!!!
jueves, 21 de julio de 2011
COMO UN TORRENTE...
Todo en vos es un torrente,
Que arrasa
Cuando pasa
Por el penúltimo escalón del dormitorio,
En el descanso,
Que ya no es tal,
Sino preludio de las batallas,
De esas que incendian las noches,
Queman el brillo de las estrellas
O derriten los diccionarios de la sexualidad.
Hembra que en estado puro
Devasta los versos de mis poesías,
Volcando sobre los vasos de mis manos,
La sangre tinta de algún escrito ardiente
O la sombra de las medialunas de tus pechos,
Que se inflaman como el astro en su corrida a ser luna llena.
Y de pronto la pausa del rocío,
La que moja las veredas de mi hastío,
Con las baldosas flojas por el peso de mi ansiedad,
Junto al desesperado recuerdo de mi ultima soledad.
Desde ese punto,
Ya en la instancia en que la vida tiene valor de oferta,
Fue que me encontraste,
Tendiste tu mano sin espinas,
Abriste los ojos roncos de gata en celo,
Sin saber hasta ahora si vos o los dioses,
Rescataron mi infancia y mis esquinas.
Se que te navego en medio de la excitación,
Cuando las breves prendas intimas de tu dermis
Se esparcen como mis libros a medio leer
Por el piso de madera de nuestra habitación.
Y he aprendido a remontarme
Como veloz y terco barrilete,
Que construido con el papel de las palabras,
Orada las bases de las nubes,
Surcando el viento huracanado del silencio,
Hasta posarse en una nueva noche en el umbral de tu vigilia.
Te miro en plena desnudez,
Agotada tras lapsos de esperada diligencia,
De movimientos zigzagueante,
De tus sonidos que rompen las penumbras,
De tus dedos trepando anhelantes,
Por el costado animal de mi existencia.
Tras todo esto descansas
Y ya la corriente de la mar,
Las oleadas de bravías arcadas,
Las líneas espesas de gotas sudorosas,
Van delante de mi mirada de admiración,
Van y se reproducen como poesía enamorada,
Van para regresar prestas y primorosas,
Así desde la creación.
Que arrasa
Cuando pasa
Por el penúltimo escalón del dormitorio,
En el descanso,
Que ya no es tal,
Sino preludio de las batallas,
De esas que incendian las noches,
Queman el brillo de las estrellas
O derriten los diccionarios de la sexualidad.
Hembra que en estado puro
Devasta los versos de mis poesías,
Volcando sobre los vasos de mis manos,
La sangre tinta de algún escrito ardiente
O la sombra de las medialunas de tus pechos,
Que se inflaman como el astro en su corrida a ser luna llena.
Y de pronto la pausa del rocío,
La que moja las veredas de mi hastío,
Con las baldosas flojas por el peso de mi ansiedad,
Junto al desesperado recuerdo de mi ultima soledad.
Desde ese punto,
Ya en la instancia en que la vida tiene valor de oferta,
Fue que me encontraste,
Tendiste tu mano sin espinas,
Abriste los ojos roncos de gata en celo,
Sin saber hasta ahora si vos o los dioses,
Rescataron mi infancia y mis esquinas.
Se que te navego en medio de la excitación,
Cuando las breves prendas intimas de tu dermis
Se esparcen como mis libros a medio leer
Por el piso de madera de nuestra habitación.
Y he aprendido a remontarme
Como veloz y terco barrilete,
Que construido con el papel de las palabras,
Orada las bases de las nubes,
Surcando el viento huracanado del silencio,
Hasta posarse en una nueva noche en el umbral de tu vigilia.
Te miro en plena desnudez,
Agotada tras lapsos de esperada diligencia,
De movimientos zigzagueante,
De tus sonidos que rompen las penumbras,
De tus dedos trepando anhelantes,
Por el costado animal de mi existencia.
Tras todo esto descansas
Y ya la corriente de la mar,
Las oleadas de bravías arcadas,
Las líneas espesas de gotas sudorosas,
Van delante de mi mirada de admiración,
Van y se reproducen como poesía enamorada,
Van para regresar prestas y primorosas,
Así desde la creación.
SIEMPRE VIDA...
Siempre se trata de la vida
O sea la tregua que nos da la muerte.
Siempre se trata de estas cosas
Como mero registro,
Como un abigarrado anecdotario,
Como una simple oración,
Como un tímido predicado.
Siempre se trata de la vida,
Aun cuando la misma sea esquiva,
Porque cada uno sabe que la construye
Con los materiales de su esencia,
Con la madurez de su inocencia,
Con las variadas líneas y entrelineas,
Con lo que esta presente,
Como sombra de una larga ausencia.
Siempre se trata de la vida
Aun cuando mis besos son urgentes
Y te digo que nueve meses
Son solo un comienzo,
Que también trata de la vida,
De la de los domingos soleados
O los sábados perdidos en el descanso
O en la semana laborable,
Donde la parca no es tan atroz,
Solo un paréntesis en esta existencia,
Hasta recuperar el sudor de esas manos,
Las caricias de los ojos verdes,
Al echarme a la mar de tu presencia.
Se que sabes que solo se trata de la vida
Y de vivirla…
O sea la tregua que nos da la muerte.
Siempre se trata de estas cosas
Como mero registro,
Como un abigarrado anecdotario,
Como una simple oración,
Como un tímido predicado.
Siempre se trata de la vida,
Aun cuando la misma sea esquiva,
Porque cada uno sabe que la construye
Con los materiales de su esencia,
Con la madurez de su inocencia,
Con las variadas líneas y entrelineas,
Con lo que esta presente,
Como sombra de una larga ausencia.
Siempre se trata de la vida
Aun cuando mis besos son urgentes
Y te digo que nueve meses
Son solo un comienzo,
Que también trata de la vida,
De la de los domingos soleados
O los sábados perdidos en el descanso
O en la semana laborable,
Donde la parca no es tan atroz,
Solo un paréntesis en esta existencia,
Hasta recuperar el sudor de esas manos,
Las caricias de los ojos verdes,
Al echarme a la mar de tu presencia.
Se que sabes que solo se trata de la vida
Y de vivirla…
domingo, 12 de junio de 2011
LA BELLEZA DE LA VIDA
Las velas,
Candorosamente encendidas,
Hicieron correr la lava de expectativas,
Ante la presencia del volcán de tu figura.
Las velas no saben
De que trata la larga soledad,
Las interminables noches de angustias,
Los desvelos que me mantienen insomne,
Dentro de la parquedad de otro de mis sueños.
Por eso son estas velas,
Objetos luminosos al encenderlos,
Ridículos objetos cuando se hallan apagados,
Mas son ellas las que en su mutismo,
Me observaron atentamente
Navegar constantemente en mi delirio.
Quizás fueron sus luces y ardores,
Tal vez fueron sus aromas y colores,
Los que delinearon mis alucinaciones,
Cuando montando en corceles de carrusel,
Creí que ya nada me quedaba en la vida
Más que la amarga y definitiva resignación
De transitar mí camino en el yermo desierto
Sin haber abierto las alas a la noble inspiración.
Ahora que se
Donde están los vectores de tu amor,
Donde el segmento en que tus brazos
Me aguardan a pura inocencia,
Con el máximo de gotas verdes alunadas,
En la planicie de tus labios arropados
De variopinta cantidad de ósculos,
Donde las tangenciales curvas de tus pestañas
Languidecen por un futuro en certidumbre,
Ahora me dirijo andante por el flujo
De arroyos y rías sin tiempo como es costumbre.
Ahora las velas se consumen
Quedando casi el cabo de la parafina,
De mi silencio nacen signos y símbolos,
Nacen las más agudas palabras,
Sobre el incendio plata de mi vereda,
En la chamuscada zona que rebota en el espejo,
Preparo los pinceles de mi lenguaje,
Para pintar a puro óleo
Las turgencias de tus capillas
Esas Sixtinas sin vatican
Y sobre sus techos veo las imágenes,
De dos amantes que disfrutan ser angelicales.
Tanto fuego
Tanto ardor
Tanta espera en un trecho de la vida
Tanta búsqueda sin brújula precisa
Son velámenes de barcazas de alta mar
Hundidas en las márgenes perdidas
Tanto y las velas ya no están
Candorosamente encendidas,
Hicieron correr la lava de expectativas,
Ante la presencia del volcán de tu figura.
Las velas no saben
De que trata la larga soledad,
Las interminables noches de angustias,
Los desvelos que me mantienen insomne,
Dentro de la parquedad de otro de mis sueños.
Por eso son estas velas,
Objetos luminosos al encenderlos,
Ridículos objetos cuando se hallan apagados,
Mas son ellas las que en su mutismo,
Me observaron atentamente
Navegar constantemente en mi delirio.
Quizás fueron sus luces y ardores,
Tal vez fueron sus aromas y colores,
Los que delinearon mis alucinaciones,
Cuando montando en corceles de carrusel,
Creí que ya nada me quedaba en la vida
Más que la amarga y definitiva resignación
De transitar mí camino en el yermo desierto
Sin haber abierto las alas a la noble inspiración.
Ahora que se
Donde están los vectores de tu amor,
Donde el segmento en que tus brazos
Me aguardan a pura inocencia,
Con el máximo de gotas verdes alunadas,
En la planicie de tus labios arropados
De variopinta cantidad de ósculos,
Donde las tangenciales curvas de tus pestañas
Languidecen por un futuro en certidumbre,
Ahora me dirijo andante por el flujo
De arroyos y rías sin tiempo como es costumbre.
Ahora las velas se consumen
Quedando casi el cabo de la parafina,
De mi silencio nacen signos y símbolos,
Nacen las más agudas palabras,
Sobre el incendio plata de mi vereda,
En la chamuscada zona que rebota en el espejo,
Preparo los pinceles de mi lenguaje,
Para pintar a puro óleo
Las turgencias de tus capillas
Esas Sixtinas sin vatican
Y sobre sus techos veo las imágenes,
De dos amantes que disfrutan ser angelicales.
Tanto fuego
Tanto ardor
Tanta espera en un trecho de la vida
Tanta búsqueda sin brújula precisa
Son velámenes de barcazas de alta mar
Hundidas en las márgenes perdidas
Tanto y las velas ya no están
SUEÑOS Y PALABRAS
Para mi no fue hecho el sueño,
Fue asentada la realidad invisible,
El desvelo permanente,
La dureza de los mármoles,
El azul material de los tejados,
Las plazas desiertas de otoños,
Para mi no fue hecha la quimera
La que en la lejanía asoma iluminada,
Mientras camino desgastando ese momento
Tratando de llegar antes de la huida de la alborada.
Para mi no fue hecha la palabra,
La de rezar plegarias inadecuadas,
Solicitar favores inclementes,
Pedirle a la mujer amada
Desglosar su silueta de entre tanta gente.
No fue hecha la palabra,
Ni fue hecho el sueño,
Como acuso recibo que no me legaron
Ni el martirizante silencio,
Ni la insoportable sinrazón del insomnio,
Nada me fue dado,
Comprendí que de haber sueños
Era el único experto de los que me pertenecieran,
Aquellos construidos puntada tras puntada,
Con la solvencia del imprevisto,
Así fue con los que me han durado,
Así fue los que me han capturados.
Se que en esos sueños estaba ella,
La que duerme o despierta en mi vigilia,
La que se hace mujer entregando los recortes,
Esos mismos que ya sin forma,
Corroídos por el uso del cariño,
Despintada su frontera con las manos
O con la comisura de los labios,
Se elevo cuanto pudo en su descenso,
En la parte que deliro por cuasi insano,
De locura que embiste en las pesadillas,
Cuando me sobresalto en lo onírico,
Cuando fenezco de vida aletargada,
Poniendo treguas en el sitio de las rencillas.
No fue creado el sueño sino que lo invente,
Como no fueron hechos los signos
Sino que debí elaborarlos con materia
De vocablos, de predicados y de adverbios,
Fue en esa fuga hacia ningún lado,
Que pronuncie mis primeros versos,
Que escribí garabateando, cuanto te amo,
Que me declare solitario acompañante,
De la muchacha de ojos verdes impertinentes,
Que salió también de mi fantasía,
En el momento en que sin saber lugar
Se juntaron los sueños con la magia de la poesía.
Fue asentada la realidad invisible,
El desvelo permanente,
La dureza de los mármoles,
El azul material de los tejados,
Las plazas desiertas de otoños,
Para mi no fue hecha la quimera
La que en la lejanía asoma iluminada,
Mientras camino desgastando ese momento
Tratando de llegar antes de la huida de la alborada.
Para mi no fue hecha la palabra,
La de rezar plegarias inadecuadas,
Solicitar favores inclementes,
Pedirle a la mujer amada
Desglosar su silueta de entre tanta gente.
No fue hecha la palabra,
Ni fue hecho el sueño,
Como acuso recibo que no me legaron
Ni el martirizante silencio,
Ni la insoportable sinrazón del insomnio,
Nada me fue dado,
Comprendí que de haber sueños
Era el único experto de los que me pertenecieran,
Aquellos construidos puntada tras puntada,
Con la solvencia del imprevisto,
Así fue con los que me han durado,
Así fue los que me han capturados.
Se que en esos sueños estaba ella,
La que duerme o despierta en mi vigilia,
La que se hace mujer entregando los recortes,
Esos mismos que ya sin forma,
Corroídos por el uso del cariño,
Despintada su frontera con las manos
O con la comisura de los labios,
Se elevo cuanto pudo en su descenso,
En la parte que deliro por cuasi insano,
De locura que embiste en las pesadillas,
Cuando me sobresalto en lo onírico,
Cuando fenezco de vida aletargada,
Poniendo treguas en el sitio de las rencillas.
No fue creado el sueño sino que lo invente,
Como no fueron hechos los signos
Sino que debí elaborarlos con materia
De vocablos, de predicados y de adverbios,
Fue en esa fuga hacia ningún lado,
Que pronuncie mis primeros versos,
Que escribí garabateando, cuanto te amo,
Que me declare solitario acompañante,
De la muchacha de ojos verdes impertinentes,
Que salió también de mi fantasía,
En el momento en que sin saber lugar
Se juntaron los sueños con la magia de la poesía.
SUEÑO PERENNE
He vivido el sueño
Como mi segunda vida,
Como tantas vidas donde me muevo,
Donde pude correr el espejo anticuado,
Ver las sillas de maderas en distintas posiciones,
La sensación de tiempo abolido,
Confundido a veces en sus direcciones,
Las agujas del calendario que van y vienen
De adelante hacia atrás,
Como del costado hacia el centro
Buscando la espiral que las ordene
O el laberinto que hieras sus lapsos
Hasta ver como se desgarra el anteúltimo momento.
Hay días de noches estrelladas
En las que bajo sin hacer ruidos estrepitosos
Me instalo en la sala de espera de lo onírico
Y veo con la cavidad vacía de mis ojos
Que no hay nada, tan solo un soplo brioso.
De pronto sin ser siquiera el día,
Con el sol rompiendo la paz de la mañana,
Hecha de tanta niebla y de tanta ausencia,
Veo que viene caminando tu silueta
Que desnuda se empapo de vigilia
Hizo trozos con el ardiente zigzagueo
Mis versos que en sueños se deleitan con las tetas,
Y mientras tanto vuelan las alondras calcinadas
Con sus alas desplegadas en el cielo
Conmigo armando mis lugares,
Los secretos,
Los taciturnos,
Los volcánicos,
Los enfurecidos con el sexo,
Que remiten a alboradas de amor,
Cuando voy armando mi boca con tus besos,
Dibujando con los dedos tus labios,
Que se entretienen en decir palabras obscenas,
En perseguir escenas imaginadas
O pertenecientes a otros sueños,
Sin la cordura, ni la sensatez
De refrendar las normas perimidas,
Enteramente con la nada revestida,
Que enceguece alguna extraña timidez.
La nocturnidad me regala una luna en mi cuarto creciente,
Abro levemente los ojos,
Miro a través de la ventana,
Remonto prestamente los sonidos
De mi larga cometa enamorada.
Ahora solo queda una gota de tu sudor,
La última que me regalo un gemido,
La partícula que entre tanto caos y ardor,
Da vueltas buscando el lugar donde dormirse,
En el pleno foco de mi valentía,
De gorrión herido en mil estratagemas,
De animal carnívoro de cada una de tus partes,
Viviendo en los sueños propios de este día
O en los apropiados con algunas malas artes.
De pronto ya no hay tiempo,
Solo queda tu gota de sudor,
Que se renueva eternamente,
Y el sueño es perenne…
Como mi segunda vida,
Como tantas vidas donde me muevo,
Donde pude correr el espejo anticuado,
Ver las sillas de maderas en distintas posiciones,
La sensación de tiempo abolido,
Confundido a veces en sus direcciones,
Las agujas del calendario que van y vienen
De adelante hacia atrás,
Como del costado hacia el centro
Buscando la espiral que las ordene
O el laberinto que hieras sus lapsos
Hasta ver como se desgarra el anteúltimo momento.
Hay días de noches estrelladas
En las que bajo sin hacer ruidos estrepitosos
Me instalo en la sala de espera de lo onírico
Y veo con la cavidad vacía de mis ojos
Que no hay nada, tan solo un soplo brioso.
De pronto sin ser siquiera el día,
Con el sol rompiendo la paz de la mañana,
Hecha de tanta niebla y de tanta ausencia,
Veo que viene caminando tu silueta
Que desnuda se empapo de vigilia
Hizo trozos con el ardiente zigzagueo
Mis versos que en sueños se deleitan con las tetas,
Y mientras tanto vuelan las alondras calcinadas
Con sus alas desplegadas en el cielo
Conmigo armando mis lugares,
Los secretos,
Los taciturnos,
Los volcánicos,
Los enfurecidos con el sexo,
Que remiten a alboradas de amor,
Cuando voy armando mi boca con tus besos,
Dibujando con los dedos tus labios,
Que se entretienen en decir palabras obscenas,
En perseguir escenas imaginadas
O pertenecientes a otros sueños,
Sin la cordura, ni la sensatez
De refrendar las normas perimidas,
Enteramente con la nada revestida,
Que enceguece alguna extraña timidez.
La nocturnidad me regala una luna en mi cuarto creciente,
Abro levemente los ojos,
Miro a través de la ventana,
Remonto prestamente los sonidos
De mi larga cometa enamorada.
Ahora solo queda una gota de tu sudor,
La última que me regalo un gemido,
La partícula que entre tanto caos y ardor,
Da vueltas buscando el lugar donde dormirse,
En el pleno foco de mi valentía,
De gorrión herido en mil estratagemas,
De animal carnívoro de cada una de tus partes,
Viviendo en los sueños propios de este día
O en los apropiados con algunas malas artes.
De pronto ya no hay tiempo,
Solo queda tu gota de sudor,
Que se renueva eternamente,
Y el sueño es perenne…
CAE UN PETALO BLANCO
Cae un pétalo blanco
Con esta brisa de mar,
Entrando por la abertura,
De este día otoñal.
Cae y en su caída
Se deshace,
El pétalo,
El tiempo,
La idea,
Mientras crece la soledad.
Nadie sabe que ha caído,
Ni donde se encontrará,
El blanco se torna espuma,
Como las olas de la vacuidad.
Se desmorona un poco de viento
En la esquina de algún lugar,
No será sobre el verde de tus ojos,
Ni el florecer de tu mirada,
Quizás sea sobre el mediodía de tu cuerpo,
Cuando las agujas se nutren de poros,
Humedeciendo sus astas en la alborada,
Se desvanece como las alas de plata y oro.
Mis sueños hablan de carencias,
De miedos perimidos,
De afectos que discurren hondamente,
Tanto que toca unas aguas de esencias,
Aquellas que se detuvieron en la infancia,
Creciendo al florecer,
Vienen como pájaros lentos,
Que devoran las pasiones al pasar.
Y cuantas son las que pasaron,
Las que ya no volverán,
Hasta que en el atardecer del abatimiento,
Los dioses te vuelven a susurrar,
Hay más granos por contar,
Hay alguna mujer por quien suspirar,
Que invada tu vigilia,
Que inmole tus pesadillas,
Que valga la pena tomar la pluma,
Escribir que los átomos existen,
Que el algebra es una ciencia inexacta,
Como inexacto es el darse a amar.
Pero en el convencimiento de haber sido convocado,
De ser el elegido para que te alimente
La posibilidad de andar,
Incendiando las edades de los sueños,
Cuando palpas el afecto convertido en damisela,
En mujer de esperanzas y actualidades tomar,
En saber que nadie navego como lo haces,
Por esos efluentes, por ese canal,
Que muerdes con avaricia la superficie del mar,
Sosegando el movimiento de las corrientes,
Las que no llegan mas que hasta este altar,
El de las vestales,
El de la diosa que te hizo revivir,
Salir de la cáscara de tu pesimismo,
Andar descalzo sobre arenas emblanquecidas,
Descubriendo medanos novedosos,
En donde se desliga la arenilla,
Un instante después de la caída de la rosa,
Que no toca el suelo, pues le das la bienvenida.
Se rompe un trozo de segundo,
De minuto al esperar,
Se desgarra en versos breves
Junto a este juglar que fue vagabundo
Y ya no mas….
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