jueves, 21 de julio de 2011
UN MINUTO, UNA VIDA...
Un minuto,
Es lo que le toma
Darse cuenta de su soledad,
Tan solo ese tiempo,
Tan poco tiempo,
Tan pesada carga
Y luego el sonido de unos petalos,
Los pasos aromados de un jazmin
En la tarde de este viernes primero,
En esta perdida latitud,
Cuando tu longitud despierta pasiones,
Los hombres miran parcos
Las mujeres ocultando sus deseos,
Nada hay que sea imposible,
Solo la torpeza del reloj o el campanario,
Solo el andar cansino de unos perros viejos,
Pero tú has entregado un minuto,
Con cada uno de sus sesenta segundos,
A pensar en esos instantes cuando se abate el desierto,
Esa nada como cascara de viento,
Y te ilusiona la entrada de la tarde
Porque sabes que llegaré,
Que rasgaré las telas de lo yermo,
Que de la division haremos unidad,
Que empujaremos en la misma dirección,
Que esa noche sin luna sera más noche,
Donde suplican las princesas y mendigos,
Justo lo mismo que dos mortales enamorados.
Aun en los parajes más perdidos.
Y afuera todo el silencio
Y adentro solo el susurro,
Solo las lluvias mentirosas de gotas
Dibujadas en una cartulina
Con tus faldas abandonadas en el ayer
Con mis prisas y las tuyas que muerden las vocales
Hasta encontrar palabra que designe
Que señale como cede paso la razon a la locura
En esos parajes de cielos resecos
De nubes partidas
De superficies con la tierra que se hace polvo
Y con el polvo que hemos recogido.
Ahora nos canta el grillo de la espesura
Sobrevuela casi al ras un puñado de luciernagas
No vendran calandrias hasta este espacio de pais olvidado
Saldra el sol sin levantarnos
Y buscaras entre tu ropa esparcida algun minuto
Miraras la escritura de mis poesias
Revisaras mi superficie ya sin luto
Regresaras alegre y cantando una canción
Por celebrar que el tiempo es tiempo
Que se derrocha o se atesora cuando llega la pasion.
Una vida
Es lo que lleva
Darse cuenta y seguir hacia adelante…
PIENSAS EN EL AMOR
Piensas,
Sumergida por un instante
Pareces ida,
Como se van las tardes de otoño,
Lenta, taciturnamente mustias,
Escapando de la sombras de la noche
O en busca de abrevar del rocío de algún pétalo,
En la marejada imparable de estrellas,
Que en su quietud nocturna
Hace de la austeridad todo derroche.
Piensas
Y yo te miro absorto,
Como se miran los amaneceres,
Los que alzan algún sol perezoso,
Sacándole punta a los rayos coloridos
Los que se elevaran sobre la pradera
De tus labios rojos
O de la bocacalle de algún pueblo cercano
De perfil
Te estoy viendo en este período,
Tan natural me es este costado
Sea desvestido o arropado,
Que mi fascinación nace de la locura,
Razón perdida por propia decisión,
Por apropiarme de mis argumentos
De mi aguda y pérfida mirada,
En los pantanos de espadas oxidadas
O en los lupanares de alejados momentos.
Me doy cuanta de que ya no estas,
Que te has marchado hacia el jardín,
Llevándote tus pensamientos
Y los míos tan ardientes,
Tan volcánicos y deseosos,
Que rompen imágenes de tu presencia
En el espacio en ignición durante la alborada,
En donde brotan, chocan y se hunden
Los aromas, movimientos y las acciones
Hasta que los sueños se adueñan de la escena
Lugar abierto sin la minima frontera
Sitio de líneas que cruzan estaciones
Y siento que ya no estoy
Que soy dentro de alguna pesadilla
De pronto despierto
Y tú pensando
Creo que nunca te has separado
Solo mis miedos, mis temores, mis fantasmas
Lagos sin agua ni peces nadando
Solo abro los ojos como las alas de nuestro velero
Y allí estas
En movimiento
Decididamente mía
Conocedora de mi entrega
Que con solo dos vocablos
Se puede abrir el abismo y no caeremos
Solo dos palabras
Traducidas como te amo
Componen la poesía más extensa
Tanto como nuestra.
Sumergida por un instante
Pareces ida,
Como se van las tardes de otoño,
Lenta, taciturnamente mustias,
Escapando de la sombras de la noche
O en busca de abrevar del rocío de algún pétalo,
En la marejada imparable de estrellas,
Que en su quietud nocturna
Hace de la austeridad todo derroche.
Piensas
Y yo te miro absorto,
Como se miran los amaneceres,
Los que alzan algún sol perezoso,
Sacándole punta a los rayos coloridos
Los que se elevaran sobre la pradera
De tus labios rojos
O de la bocacalle de algún pueblo cercano
De perfil
Te estoy viendo en este período,
Tan natural me es este costado
Sea desvestido o arropado,
Que mi fascinación nace de la locura,
Razón perdida por propia decisión,
Por apropiarme de mis argumentos
De mi aguda y pérfida mirada,
En los pantanos de espadas oxidadas
O en los lupanares de alejados momentos.
Me doy cuanta de que ya no estas,
Que te has marchado hacia el jardín,
Llevándote tus pensamientos
Y los míos tan ardientes,
Tan volcánicos y deseosos,
Que rompen imágenes de tu presencia
En el espacio en ignición durante la alborada,
En donde brotan, chocan y se hunden
Los aromas, movimientos y las acciones
Hasta que los sueños se adueñan de la escena
Lugar abierto sin la minima frontera
Sitio de líneas que cruzan estaciones
Y siento que ya no estoy
Que soy dentro de alguna pesadilla
De pronto despierto
Y tú pensando
Creo que nunca te has separado
Solo mis miedos, mis temores, mis fantasmas
Lagos sin agua ni peces nadando
Solo abro los ojos como las alas de nuestro velero
Y allí estas
En movimiento
Decididamente mía
Conocedora de mi entrega
Que con solo dos vocablos
Se puede abrir el abismo y no caeremos
Solo dos palabras
Traducidas como te amo
Componen la poesía más extensa
Tanto como nuestra.
PREGUNTAS...
Hasta donde va el agua
Que la víscera en mi frente no la capta,
Inmensidad de azul que se desparrama,
Hasta el confín donde un barco remonta la pendiente
Hasta donde va,
Me pregunto cargado de curiosidad,
Interrogante que me aparece de saber si escapa
En insolida corriente de vegetales
O si es que atraca en los bordes de esta playa
Impulsada por las aletas de la cotidianidad
Miro, sin anteojeras a veces,
Miro, sin prejuicios tantas otras,
Creo que en verdad el agua moja al universo
O que el infinito crece por esta humedad,
Al menos antes de largarme a esta orilla,
Luego de dejar ordenada la luz de mi ventanal.
Se que en mi barrio nadie cree
Que lo eterno nunca vaya a terminar,
Somos gente de pocas pulgas,
Ignorantes de las trigonometrías,
De las mitologías que fomentan los libros,
Pero devoradores de conversaciones simples,
De amores pocos sofisticados,
De posiciones que nos dejen en orsay.
Somos los vecinos que nadie quiere tener,
Los que emprenden aventuras en solitario,
Tardando extensas horas en volver,
Sin saber narrar que es lo que hemos visto,
Porque muy poco se parece a lo de acá.
Dicen que somos como niños inmaduros
Que nos sorprende la lluvia cuando cae a raudales,
Que nunca cuidamos la suela de los zapatos,
Que miramos a nuestra enamorada sintiéndonos seguros,
Que solemos apagar la luz cuando ya todo ha terminado,
Pero se que de esa triste difamación nadie hace caso,
Ni siquiera procuran hacer leña del árbol por nacer.
Somos un grupo de habitantes de islas amatorias
Nunca conquistadas ni con guerras ni con ceremonias,
Con mi sumisión expuesta a la vista de mi mujer,
Más nos vale celebrar cada nuevo amanecer,
A ser valientes que nunca reconocerá la historia.
Vale entonces allegarse hasta algún risco,
De esos que no pululan en la ciudad
O correr en la campiña sintiendo la libertad
De las vocales que se agrupan para la escritura,
Pájaros de vuelo liviano cuando le hablan al amor
En las plazoletas cercadas de alguna catedral,
Cuando el campanario de tu lujuria,
Haga que suene los cascabeles de mi vigilia,
Hasta la entrega resumida de las últimas gotas,
De mi impericia de amante con carne de seductor,
Se que en este pueblo de júbilos frecuentes,
Cuando vienes a nuestro lecho nos cubre un gran candor.
Hasta donde llega el canto de un jilguero matinal,
Hasta donde y hasta cuando puede uno preguntar,
Ya que los poetas son niños grandes
Difícil de contentar.
Que la víscera en mi frente no la capta,
Inmensidad de azul que se desparrama,
Hasta el confín donde un barco remonta la pendiente
Hasta donde va,
Me pregunto cargado de curiosidad,
Interrogante que me aparece de saber si escapa
En insolida corriente de vegetales
O si es que atraca en los bordes de esta playa
Impulsada por las aletas de la cotidianidad
Miro, sin anteojeras a veces,
Miro, sin prejuicios tantas otras,
Creo que en verdad el agua moja al universo
O que el infinito crece por esta humedad,
Al menos antes de largarme a esta orilla,
Luego de dejar ordenada la luz de mi ventanal.
Se que en mi barrio nadie cree
Que lo eterno nunca vaya a terminar,
Somos gente de pocas pulgas,
Ignorantes de las trigonometrías,
De las mitologías que fomentan los libros,
Pero devoradores de conversaciones simples,
De amores pocos sofisticados,
De posiciones que nos dejen en orsay.
Somos los vecinos que nadie quiere tener,
Los que emprenden aventuras en solitario,
Tardando extensas horas en volver,
Sin saber narrar que es lo que hemos visto,
Porque muy poco se parece a lo de acá.
Dicen que somos como niños inmaduros
Que nos sorprende la lluvia cuando cae a raudales,
Que nunca cuidamos la suela de los zapatos,
Que miramos a nuestra enamorada sintiéndonos seguros,
Que solemos apagar la luz cuando ya todo ha terminado,
Pero se que de esa triste difamación nadie hace caso,
Ni siquiera procuran hacer leña del árbol por nacer.
Somos un grupo de habitantes de islas amatorias
Nunca conquistadas ni con guerras ni con ceremonias,
Con mi sumisión expuesta a la vista de mi mujer,
Más nos vale celebrar cada nuevo amanecer,
A ser valientes que nunca reconocerá la historia.
Vale entonces allegarse hasta algún risco,
De esos que no pululan en la ciudad
O correr en la campiña sintiendo la libertad
De las vocales que se agrupan para la escritura,
Pájaros de vuelo liviano cuando le hablan al amor
En las plazoletas cercadas de alguna catedral,
Cuando el campanario de tu lujuria,
Haga que suene los cascabeles de mi vigilia,
Hasta la entrega resumida de las últimas gotas,
De mi impericia de amante con carne de seductor,
Se que en este pueblo de júbilos frecuentes,
Cuando vienes a nuestro lecho nos cubre un gran candor.
Hasta donde llega el canto de un jilguero matinal,
Hasta donde y hasta cuando puede uno preguntar,
Ya que los poetas son niños grandes
Difícil de contentar.
ADUEÑARSE DE LA PALABRA
Existirá la noche
En que me adueñe de las palabras,
En que las introduzca una a una
En la ranura de estas horas,
En la que al escribirlas con mi lengua
Las encuentre intraducibles,
Solamente entendible en el espacio
De tu cuerpo y en la pureza de tu alma.
Como en las tormentas de verano
Las palabras lloverán a cántaro,
Caerán las vocales como garúa
Completando las oraciones del deseo.
Sigo creyendo que encontrare el vocablo
Antes de que amanezcan los silencios,
Eso que no llegan a serlo porque se componen
De innumerables simulacros de completarlos,
Con la mentira de la cáscara de un símbolo,
Con la pretendida mascara de decir algo,
Cuando se imposta ante el miedo al mutismo,
¿Será por esto que tantos seres en este sitio
No se atreven a encontrarse consigo mismo?
Hay palabras que se construyen en el pasaje,
Hay otras que ya tienen una tradición,
Pero navegar por las aguas de tus ríos,
Me lleva a pensar los adjetivos en este viaje.
Los momentos en que tardo en parir un verbo,
Son instantes cargados de partículas de nada,
Como es tan sólida tu verde y amorosa mirada,
Que revelan la perfección de mi acerbo.
He podido contarte historias sin usar el abecedario
Enfrentando nuestros ojos,
Sintiendo las pestañas,
Labrando los poros de tu espalda,
Como invadiendo las franjas rosadas del mediodía
Cuando arrodillado sobre tu falda desnuda,
Busco el cincel que tallara mis letras,
En las robustas guerrillas de tus senos
O en las irregularidades de tus formas.
Noche que no es palabra,
Noche que aun no sale a luna,
Noche que te atormentas en tu desdicha,
Noche que no puedes nombrar el beso,
A pesar de esta búsqueda pertinaz,
Se que antes de alcanzarte me besaras tres veces
Antes de que cante un gallo
Y quizás otras mil porque te parece
Y de entre esa maraña de pensamientos míos,
En esta noche en la que nos hemos amado,
Fui balbuceando unas palabras,
De las que me fui adueñando,
Mientras que te quiero en el entramado
De noches y múltiples alboradas.
Amarte precedio a la palabra
Y fue justo!!!
En que me adueñe de las palabras,
En que las introduzca una a una
En la ranura de estas horas,
En la que al escribirlas con mi lengua
Las encuentre intraducibles,
Solamente entendible en el espacio
De tu cuerpo y en la pureza de tu alma.
Como en las tormentas de verano
Las palabras lloverán a cántaro,
Caerán las vocales como garúa
Completando las oraciones del deseo.
Sigo creyendo que encontrare el vocablo
Antes de que amanezcan los silencios,
Eso que no llegan a serlo porque se componen
De innumerables simulacros de completarlos,
Con la mentira de la cáscara de un símbolo,
Con la pretendida mascara de decir algo,
Cuando se imposta ante el miedo al mutismo,
¿Será por esto que tantos seres en este sitio
No se atreven a encontrarse consigo mismo?
Hay palabras que se construyen en el pasaje,
Hay otras que ya tienen una tradición,
Pero navegar por las aguas de tus ríos,
Me lleva a pensar los adjetivos en este viaje.
Los momentos en que tardo en parir un verbo,
Son instantes cargados de partículas de nada,
Como es tan sólida tu verde y amorosa mirada,
Que revelan la perfección de mi acerbo.
He podido contarte historias sin usar el abecedario
Enfrentando nuestros ojos,
Sintiendo las pestañas,
Labrando los poros de tu espalda,
Como invadiendo las franjas rosadas del mediodía
Cuando arrodillado sobre tu falda desnuda,
Busco el cincel que tallara mis letras,
En las robustas guerrillas de tus senos
O en las irregularidades de tus formas.
Noche que no es palabra,
Noche que aun no sale a luna,
Noche que te atormentas en tu desdicha,
Noche que no puedes nombrar el beso,
A pesar de esta búsqueda pertinaz,
Se que antes de alcanzarte me besaras tres veces
Antes de que cante un gallo
Y quizás otras mil porque te parece
Y de entre esa maraña de pensamientos míos,
En esta noche en la que nos hemos amado,
Fui balbuceando unas palabras,
De las que me fui adueñando,
Mientras que te quiero en el entramado
De noches y múltiples alboradas.
Amarte precedio a la palabra
Y fue justo!!!
COMO UN TORRENTE...
Todo en vos es un torrente,
Que arrasa
Cuando pasa
Por el penúltimo escalón del dormitorio,
En el descanso,
Que ya no es tal,
Sino preludio de las batallas,
De esas que incendian las noches,
Queman el brillo de las estrellas
O derriten los diccionarios de la sexualidad.
Hembra que en estado puro
Devasta los versos de mis poesías,
Volcando sobre los vasos de mis manos,
La sangre tinta de algún escrito ardiente
O la sombra de las medialunas de tus pechos,
Que se inflaman como el astro en su corrida a ser luna llena.
Y de pronto la pausa del rocío,
La que moja las veredas de mi hastío,
Con las baldosas flojas por el peso de mi ansiedad,
Junto al desesperado recuerdo de mi ultima soledad.
Desde ese punto,
Ya en la instancia en que la vida tiene valor de oferta,
Fue que me encontraste,
Tendiste tu mano sin espinas,
Abriste los ojos roncos de gata en celo,
Sin saber hasta ahora si vos o los dioses,
Rescataron mi infancia y mis esquinas.
Se que te navego en medio de la excitación,
Cuando las breves prendas intimas de tu dermis
Se esparcen como mis libros a medio leer
Por el piso de madera de nuestra habitación.
Y he aprendido a remontarme
Como veloz y terco barrilete,
Que construido con el papel de las palabras,
Orada las bases de las nubes,
Surcando el viento huracanado del silencio,
Hasta posarse en una nueva noche en el umbral de tu vigilia.
Te miro en plena desnudez,
Agotada tras lapsos de esperada diligencia,
De movimientos zigzagueante,
De tus sonidos que rompen las penumbras,
De tus dedos trepando anhelantes,
Por el costado animal de mi existencia.
Tras todo esto descansas
Y ya la corriente de la mar,
Las oleadas de bravías arcadas,
Las líneas espesas de gotas sudorosas,
Van delante de mi mirada de admiración,
Van y se reproducen como poesía enamorada,
Van para regresar prestas y primorosas,
Así desde la creación.
Que arrasa
Cuando pasa
Por el penúltimo escalón del dormitorio,
En el descanso,
Que ya no es tal,
Sino preludio de las batallas,
De esas que incendian las noches,
Queman el brillo de las estrellas
O derriten los diccionarios de la sexualidad.
Hembra que en estado puro
Devasta los versos de mis poesías,
Volcando sobre los vasos de mis manos,
La sangre tinta de algún escrito ardiente
O la sombra de las medialunas de tus pechos,
Que se inflaman como el astro en su corrida a ser luna llena.
Y de pronto la pausa del rocío,
La que moja las veredas de mi hastío,
Con las baldosas flojas por el peso de mi ansiedad,
Junto al desesperado recuerdo de mi ultima soledad.
Desde ese punto,
Ya en la instancia en que la vida tiene valor de oferta,
Fue que me encontraste,
Tendiste tu mano sin espinas,
Abriste los ojos roncos de gata en celo,
Sin saber hasta ahora si vos o los dioses,
Rescataron mi infancia y mis esquinas.
Se que te navego en medio de la excitación,
Cuando las breves prendas intimas de tu dermis
Se esparcen como mis libros a medio leer
Por el piso de madera de nuestra habitación.
Y he aprendido a remontarme
Como veloz y terco barrilete,
Que construido con el papel de las palabras,
Orada las bases de las nubes,
Surcando el viento huracanado del silencio,
Hasta posarse en una nueva noche en el umbral de tu vigilia.
Te miro en plena desnudez,
Agotada tras lapsos de esperada diligencia,
De movimientos zigzagueante,
De tus sonidos que rompen las penumbras,
De tus dedos trepando anhelantes,
Por el costado animal de mi existencia.
Tras todo esto descansas
Y ya la corriente de la mar,
Las oleadas de bravías arcadas,
Las líneas espesas de gotas sudorosas,
Van delante de mi mirada de admiración,
Van y se reproducen como poesía enamorada,
Van para regresar prestas y primorosas,
Así desde la creación.
SIEMPRE VIDA...
Siempre se trata de la vida
O sea la tregua que nos da la muerte.
Siempre se trata de estas cosas
Como mero registro,
Como un abigarrado anecdotario,
Como una simple oración,
Como un tímido predicado.
Siempre se trata de la vida,
Aun cuando la misma sea esquiva,
Porque cada uno sabe que la construye
Con los materiales de su esencia,
Con la madurez de su inocencia,
Con las variadas líneas y entrelineas,
Con lo que esta presente,
Como sombra de una larga ausencia.
Siempre se trata de la vida
Aun cuando mis besos son urgentes
Y te digo que nueve meses
Son solo un comienzo,
Que también trata de la vida,
De la de los domingos soleados
O los sábados perdidos en el descanso
O en la semana laborable,
Donde la parca no es tan atroz,
Solo un paréntesis en esta existencia,
Hasta recuperar el sudor de esas manos,
Las caricias de los ojos verdes,
Al echarme a la mar de tu presencia.
Se que sabes que solo se trata de la vida
Y de vivirla…
O sea la tregua que nos da la muerte.
Siempre se trata de estas cosas
Como mero registro,
Como un abigarrado anecdotario,
Como una simple oración,
Como un tímido predicado.
Siempre se trata de la vida,
Aun cuando la misma sea esquiva,
Porque cada uno sabe que la construye
Con los materiales de su esencia,
Con la madurez de su inocencia,
Con las variadas líneas y entrelineas,
Con lo que esta presente,
Como sombra de una larga ausencia.
Siempre se trata de la vida
Aun cuando mis besos son urgentes
Y te digo que nueve meses
Son solo un comienzo,
Que también trata de la vida,
De la de los domingos soleados
O los sábados perdidos en el descanso
O en la semana laborable,
Donde la parca no es tan atroz,
Solo un paréntesis en esta existencia,
Hasta recuperar el sudor de esas manos,
Las caricias de los ojos verdes,
Al echarme a la mar de tu presencia.
Se que sabes que solo se trata de la vida
Y de vivirla…
domingo, 12 de junio de 2011
LA BELLEZA DE LA VIDA
Las velas,
Candorosamente encendidas,
Hicieron correr la lava de expectativas,
Ante la presencia del volcán de tu figura.
Las velas no saben
De que trata la larga soledad,
Las interminables noches de angustias,
Los desvelos que me mantienen insomne,
Dentro de la parquedad de otro de mis sueños.
Por eso son estas velas,
Objetos luminosos al encenderlos,
Ridículos objetos cuando se hallan apagados,
Mas son ellas las que en su mutismo,
Me observaron atentamente
Navegar constantemente en mi delirio.
Quizás fueron sus luces y ardores,
Tal vez fueron sus aromas y colores,
Los que delinearon mis alucinaciones,
Cuando montando en corceles de carrusel,
Creí que ya nada me quedaba en la vida
Más que la amarga y definitiva resignación
De transitar mí camino en el yermo desierto
Sin haber abierto las alas a la noble inspiración.
Ahora que se
Donde están los vectores de tu amor,
Donde el segmento en que tus brazos
Me aguardan a pura inocencia,
Con el máximo de gotas verdes alunadas,
En la planicie de tus labios arropados
De variopinta cantidad de ósculos,
Donde las tangenciales curvas de tus pestañas
Languidecen por un futuro en certidumbre,
Ahora me dirijo andante por el flujo
De arroyos y rías sin tiempo como es costumbre.
Ahora las velas se consumen
Quedando casi el cabo de la parafina,
De mi silencio nacen signos y símbolos,
Nacen las más agudas palabras,
Sobre el incendio plata de mi vereda,
En la chamuscada zona que rebota en el espejo,
Preparo los pinceles de mi lenguaje,
Para pintar a puro óleo
Las turgencias de tus capillas
Esas Sixtinas sin vatican
Y sobre sus techos veo las imágenes,
De dos amantes que disfrutan ser angelicales.
Tanto fuego
Tanto ardor
Tanta espera en un trecho de la vida
Tanta búsqueda sin brújula precisa
Son velámenes de barcazas de alta mar
Hundidas en las márgenes perdidas
Tanto y las velas ya no están
Candorosamente encendidas,
Hicieron correr la lava de expectativas,
Ante la presencia del volcán de tu figura.
Las velas no saben
De que trata la larga soledad,
Las interminables noches de angustias,
Los desvelos que me mantienen insomne,
Dentro de la parquedad de otro de mis sueños.
Por eso son estas velas,
Objetos luminosos al encenderlos,
Ridículos objetos cuando se hallan apagados,
Mas son ellas las que en su mutismo,
Me observaron atentamente
Navegar constantemente en mi delirio.
Quizás fueron sus luces y ardores,
Tal vez fueron sus aromas y colores,
Los que delinearon mis alucinaciones,
Cuando montando en corceles de carrusel,
Creí que ya nada me quedaba en la vida
Más que la amarga y definitiva resignación
De transitar mí camino en el yermo desierto
Sin haber abierto las alas a la noble inspiración.
Ahora que se
Donde están los vectores de tu amor,
Donde el segmento en que tus brazos
Me aguardan a pura inocencia,
Con el máximo de gotas verdes alunadas,
En la planicie de tus labios arropados
De variopinta cantidad de ósculos,
Donde las tangenciales curvas de tus pestañas
Languidecen por un futuro en certidumbre,
Ahora me dirijo andante por el flujo
De arroyos y rías sin tiempo como es costumbre.
Ahora las velas se consumen
Quedando casi el cabo de la parafina,
De mi silencio nacen signos y símbolos,
Nacen las más agudas palabras,
Sobre el incendio plata de mi vereda,
En la chamuscada zona que rebota en el espejo,
Preparo los pinceles de mi lenguaje,
Para pintar a puro óleo
Las turgencias de tus capillas
Esas Sixtinas sin vatican
Y sobre sus techos veo las imágenes,
De dos amantes que disfrutan ser angelicales.
Tanto fuego
Tanto ardor
Tanta espera en un trecho de la vida
Tanta búsqueda sin brújula precisa
Son velámenes de barcazas de alta mar
Hundidas en las márgenes perdidas
Tanto y las velas ya no están
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