miércoles, 13 de julio de 2016

ENTERAMENTE LOBA


A ella,
a la que olvide su nombre
pero me quedaron puntas de sus alas,
no he de perdonarle
abondanar el cielo de azufre y arena
por la simple tierra de días olvidables,
no creo que mis dedos
perforen los huecos de los nidos de gorriones,
son dedos lubricantes de marañas,
donde encontrar otra compañera
que sepa ser barrilete de hilo de costura,
mi memoria registra barricadas
en la superficie gélida de sus deseos,
es hora de aterrizar en suelo nuevo
y desde abajo remontar la luna en cuarto menguante
espérala me digo
sin saber el sentido de este movimiento absurdo
las lunas no deben remontar
como los gatos no deben abandonar los tejados de antaño
recuerdas gata como deambulabamos por las noches
con unos miseros versos bajo la manga
y tu maullabas
en tanto la loba desaforada
venia a exprimir el sexo hasta el hartazgo
tanto vino que cruzo el mar hasta la nueve de julio
y en un hotel de lujo consumamos la locura antigua
no hubo pergaminos sino miradas encendidas
no hubo río de la plata
pero si tus arroyos que inundaron lechos
y sentados en una plaza de esa patria enloquecida
faltaron las palabras que bordaron la poesía
mientras tu lengua entumecía en la mía
te deje partir porque no correspondía
privar a Barcelona de tanta hembra pervertida
luego los recuerdos presentes del suicidio
los de aquellos momentos inanimados
cuando alguien quiso hablar con voz en cuello
y no pudo
todo lo apetecible había terminado
ahora a nadar en las aguas de estas cloacas
hasta que no hace tanto asomamos la cabeza
pudimos respirar un aire que no era de amianto
es que la vida es un tremendo juego de rayuelas
un inquietante traspaso de diferentes destinos
sera por todo eso que la recuerdo tanto.
Roberto Brindisi










martes, 12 de julio de 2016

LLUEVE MI INCOHERENCIA


Hay días
de lluvias amenazantes
que cubren el cielorraso
de una ciudad empapelada
por donde huyen pájaros libres,
escapan por los agujeros de ese inmenso follaje
que los miopes llaman cielo,
se dan a la fuga hacia aires de libertinaje
para caer en la cuenta que no hay escapatoria
solo la ilusión de perderse en las nubes
de celofán despintado de azul marino
y creerle a Neruda con sus cielos inventados,
no
no hay otra cosa que una vida lenta
que emerge de miles de segundos fenecidos
entre los cristales de mentiras frágiles
en ese curioso carrusel de giros imprevistos
nadie pronunciará mi nombre en la mañana
como nadie ha de enterrar mis poemas
en los jardines grises de una ciudad sin nombre
no serán los cuerdos los que me recuerden
serán mis musas,
las que por momentos fueron prostitutas de alcoba
o los duendes del alcohol barato
de algún bodegón perdido por el bajo
no hubo dioses abstemios esos días
solo ángeles terracotas que caían
se que yo me hundía con la sabia pluma
de mi poesía en mil vaginas
y solo unos labios de fuego incendiario
me dictaron las estrofas desencarnadas
de noches interminables en el lecho
tuve que aprender a mamar los diferentes senos
que algarabía provocan los orgasmos verdaderos
como detectar cuando las luciérnagas enloquecen
sin reparar en que no es lo mismo mi cuarto
pobre y descolorido
que las habitaciones de los psiquiátricos que te ofrecen
para dejar entrar los gramos de cordura,
no podrán dictarme ni un vocablo
no escribiré contra mis angustias
ni he de llorar por los dolores de este paso
solo que no es poco
adorar mis soledades màs mis silencios
como bienes con los que nutro mi palabra
nunca creeré que un poeta es igual a un loco
nunca los cuerdos escribirán mis vocales del principio
ni las consonantes de mis sustantivos discordantes... .
Roberto Brindisi

lunes, 11 de julio de 2016

REBELDÍA DIARIA


se que mis sueños
mueren en tus vergeles bifurcados
haciendose añicos 
en la espuma de tu salitres madrugadas
en la punta afilada de tus pesadillas cotidianas,
se tantas cosas 
que me olvide de tus ojos color tormenta
de tu boca apocada por la soledad
mientras yo divago en mi vigilia
entre andenes de pájaros en agonía 
con los fragmentos de las rosas esparcidas
en mil campanarios de mi ciudad de perros
no suelo oír mas sonido que el de tus jadeos
ni mas olores que el de tu piel desnuda
luego del vendaval de la lujuria ardiente
de las correntadas voluptuosas de tus arroyos
que humedecen el principio de mi boca
tardes de ebriedades varias en nuestros labios
que se nos olvida que dios no nos espía
que alguna beata mujer que aborto su suerte de hembra
maldice el ruido, el murmullo, los sabores
de estos encuentros en los orificios de la vida
cuando ya nadie reclama por la justicia
ni son escuchados los miseros hambrientos 
condenados por unos pocos hastiados de riquezas
sigo intentando encontrarle un sentido a tanta muerte
que al final la parca me persuade que poco podre hacer
aun en mi rebeldía de sensibilidad humana
aun con mis mendrugos como piedra de David
es que Goliat no se asoma a la pelea que ya gana por escandalo
y me sumerjo entre tus faldas a distraerme de tanta amargura
consuelo demencial irrefrenable 
entre tanto sueño perdido en mil batallas
tanta sangre que se me aparece al cerrar los ojos
que si no es hundirse en los tragos infinitos del alcohol
es huir por la superficie de tus poros vitales
reclamare al tiempo alguna simple tregua
dejar de sentir tan profundamente como quizás no quise
amigarme con la vacuidad de los artilugios de la nada
despertar alguna de las tantísimas mañanas
sin que me carcoman los gusanos de la culpa
sobrevivi
todo tiene un precio altísimo a la hora de pagar 
llevo mis mochilas cargadas de heridas propias y amigas
nada es gratis en este sendero de existencia
solo aflojar un tanto el dolor de la inclemencia
solo reírse un poco de la muerte trágica
que tiene por destino la espera certera
ya le he dicho que ganar con las cartas marcadas
no tiene sentido mas que hacerse trampa a ella misma
cobardía
si la hay la de la finitud
reivindico levantarse contra lo inevitable 
porque eso señala si honras la vida o te arrastras
reivindico no someterse ni aun sometido
no he de abonar ese peaje para parecer amable.
Roberto Brindisi





lunes, 4 de julio de 2016

DEVENIR


Este atardecer,
debilitado
callejero,
puede terminar únicamente
en la plétora de su fragmentación,
puede suceder que el destino haya dejado escrito
que amarrados miraríamos el reflujo del mar,
sin embargo, la tarde no quiere disolverse
en esa negritud devoradora,
en ese averno de brumas difusas
sin caricias ni besos mágicos
tan solo la total e inmensa oscuridad,
 me preguntas en silencio por tu sombra
confundida con una multitud de iguales
que juegan a estar entrelazadas y quietas
pero el soplo de una brisa trae esperanzas,
nada se termina hasta despertar definitivamente de la vigilia
y en esa zona indefinida,
paréntesis de la eternidad inmaculada,
podemos andar los dos
portando nuestras individualidades,
aun sabiendo que estamos íntimamente vinculado
a que llevo el ímpetu de los ángeles,
incendiando tu lecho en un amanecer eterno
con mil miradas nacidas en el inframundo
o que cures las heridas
que transporto desde el primer minuto
en una esquina
donde el amor son dos que se desconocen
por original y sublime instante
allí, solo en ese sitio,
que es una esquina de tango mal habido
San Juan, Boedo y todo el fango…
allí, solo un violonchelo inocente
que se apareja con un ramo de rosas
deja lugar a seguir soñando
que la poesía salvará al mundo,
que el mar no nos inundara de arenas,
que el viento no será un huracán arrebatador de pájaros
ni amilanará a mi boca rastreadora de tu piel desnuda
solo bastará que un ínfimo destello de fe
derrumbe las gigantes murallas de odio
ponga la primera piedra de un puente de pasión
por donde correteen la lascivia y la lujuria
ejido dilatadamente destacado,
lejos de ese universo violento de muertes y desamores,
y asi la tarde habrá sido
la oscuridad ira desapareciendo por ineficaz
serán las madrugadas, las alboradas
las que sellen el valor del tiempo de las cosas
en las que las letras nazcan hondamente enamoradas.
Roberto Brindisi


sábado, 25 de junio de 2016

SER HUELLA


Como un hueco
vano,
sutil,
en la memoria del olvido,
por esos prados me perdí,
detrás de mil angustias,
atrapado en la humedad de un delirio
sin saber que nueva locura fraccione,
vi niños agonizando en esa terminal
una comparsa de animales en flor
y tantas maneras de perder el paraíso,
ese del que siempre descreí
pero allí no había espacio para la fe
ni la penumbra que devela una esperanza,
todo fue en vano
todo se derrumbó en diez segundos
o en un tercio de eternidad ajusticiada
afuera,
en ese lugar que moran mis pesadillas
un candil apagado en la embriaguez
una piel sometida al deseo degradante
unos ojos curvos de color de alquitrán
delatan que me buscaste sin descanso
entre las vocales de mi poesía inexistente
precisamente la que hablaba de ti
de ese deseo de vivir entre los riesgos de un lecho
vorágine abismal
cumbre de la lujuria nuestra que ya se fue
dejando como territorio este desierto emocional
pero no decaigas
no te rindas
saca las escamas acuosas de la tempestad
búscame nuevamente en un cielo de desnudez
pernocta bajo un cuerpo acribillado de dolores,
pareciera ser que el precio por una vuelta de placidez
es atravesar las astillas de los vidrios de este suelo
encaramarte al misterio de mis madrugadas
rociar de besos abrazadores mis labios resecos
explicarle al silencio que vienes en son de paz
perturbada por la demora
es que te permites ingresar a esta franja
sin condiciones ni pliegos que doblegar
sola, desvestida de mentiras
por creer que aun soy la huella que te marca.

Roberto Brindisi

miércoles, 8 de junio de 2016

UNA VEZ MÁS


Obstinadamente
me he propuesto no ser,
el que hable de amor en este huerto
ni el que transforme pesadillas de estalactitas
en fantasías huecas de despertares,
no,
nunca habré de sopesar desconsuelos ajenos
si reclamar por los pájaros carentes de cielo
o la lluvia cuando cae en forma de alambre
sé que mis monstruos se llenan de soledades añejas
y mis angustias de espectros pasados,
sé que mis placeres encuentran nutricia
la suavidad de tu desnudo tempranero,
puedo tener en mis manos agujereadas
los disparos de tu sensualidad hecha herejías
cargar a cuesta con tus pupilas anhelantes
ver como se pone el verde en tus ojos nuevos
pero el sol no he de crearlo
me cabe la faena de pintar sus rayos
despeinando la agonía de algún atardecer
en tanto intentamos escribir un poema
en los orificios de nuestras pieles desolladas,
repasas con escasa cordura los versos de mi vida,
cascara de una soliviantada esencia en mutación
abundantes de silencios escarpados,
como árido es el mutismo de tu ausencia
en esta efímera madrugada con la luz descolorida
cuelga el viento entre los arboles inquietos,
me interrogan los objetos de mi cuarto
por los huecos repetidos que dejan tu silueta de mujer,
deje de tener palabras para contar mis culpas
como de tener cautela antes de responsabilizarte
solo divago entre una puerta en ciernes
y el vergel de tu ermita preferida
no sé si Dios este despierto a estas horas
pero el aroma de tu sexo evoca mi perdición
me queman las llagas de presencia herida
descánsame en el vientre de tus sueños
una vez más, solo una…

Roberto Brindisi

UN SEGUNDO ETERNO


He apresado el todo
en los vagos fragmentos de la nada,
esa nada que es origen,
causal de lo mínimo o lo vasto,
de esas noches que tiritan de frio
de la llegada del mar aupado en olas,
cuando el azar decide el destino de mi boca
la que intenta enderezarse hacia una esquina,
el azar, la suerte,
pizcas concluyentes en este sino
que se entromete entre las opciones,
en el áspero sendero del libre albedrio
allí donde elegí entre tus manos
si la alborada seria nueva o repetida,
ahí donde exhale un suspiro de humo seco                                             
que presagiaba compartir la vida
siempre al borde de alguna despedida,
pensar si extrañaría tus bragas transparentes
o los valores ilusoriamente similares,
en tanto las aves dibujan en el tejado sus hipótesis,
nada de lo humano me es ajeno dicen los jilgueros,
quizás sea sabio aprender a retrasarme de mis propias huellas
alejarse, oírlas latir desde la lejanía
como cuando duermes,
felina desnuda de mentiras
cuyas verdades, de haberlas, golpean los cristales
magullan los reflejos eternos de mis espejos
veo en los contornos de tus ojos cerrados
como golpea la sombra de esta indiferencia
me doy cuenta que no hay totalidad
sino momentos que aparentan plenos
o instantes que me sumergen en el desasosiego
como las palabras borrachas de sentido
en este ámbito sigiloso de misterio
vas despertándote extendiendo tu lascivia
y dices que soñabas la importancia de no haberme perdido,
lastimosamente yo ya me había marchado…
Roberto Brindisi