lunes, 21 de noviembre de 2016

LO PROFUNDO DE LA NADA


A lo lejos
quedo la orilla de la lagrima
la que perfora la piedra de la calma
sin sollozos
sin reclamos
con los ojos puestos en la distancia
en ese paisaje ralo
por donde alguna vez transito mi palabra
la dureza sinrazón de mi vocablo
que mansos ahora se ahogan en la nada
ese misterioso lago
profundo
abismal
desde donde recojo una porción de algo
sin ser amor es mínimamente afecto
después de arrastrar el peso de la soledad
por unos médanos recubiertos de aves
muertas en la estación del otoño
fusiladas por la inclemencia de este tiempo
pensé que asomaba el cariño
animal desparejo de este sitio
pero no fue así
solo la muerte a restablecido el prestigio del silencio
sin que la llama de una mano paseando en mi espalda
me conmueva como antaño
me pregunto que será ahora de esos sueños puros
que se bañaron en las aguas pútridas de las pesadillas
volverán las damas desnudas de consonantes
de las ropas ignorantes del alfabeto
volverá aunque solo sea una de ellas
prisioneras de mi mala memoria
o se recreará la danza de otros nombres
que han de andar por el borde de mi lecho
descalzas maneras de amanecer
disimiles sentidos de la eternidad
aun en esta hora de mi vigilia
puedo pensar en que la suerte no está echada
que aún me queda una mano favorable
en la inmensidad de los instantes que quedan por vivir
se levanta una brecha amatoria en mitad de la madrugada.
Roberto Brindisi

sábado, 29 de octubre de 2016

SIEMPRE LLUEVE EN SAN TELMO


Ahora
solo vienen horas partidas
es medianoche y el tiempo se esfumo
que esperar de la madrugada si así empieza
la parte romántica de nuestro desencuentro,
breve
como todo lo bueno
o lo maldito
así es el espacio que pude disponer en esta noche
de tu cuerpo enteramente desnudo
de tu sombra enteramente cubierta
de tu misterio enteramente desterrado
ah, dijiste
pero aún me queda una bala por gastar
y le disparaste al espejo
con tanta mala puntería que se partió el ventanal
mañana regresaras a hacer el amor y por el desquite
el viejo espejo se puso en marcha
decidió disfrazarse de placard
llegaste hasta mi casa a ocupar mi cama
a despellejar mi cuerpo
a enturbiar el curso de mi sangre
alterando mis latidos
mordiéndome los labios
besando la almohada oxidada de mujer
y tu ropa rodó por el piso destemplado
como tus brazos cálidos en un caribe de San Telmo
lugar afrodisíaco en mi habitación
en los pliegues de mi venganza
en la multiplicidad de mis arrojos
pensé en la esquina sin alumbrado
mientras veía apagada tu vagina de hembra sensual
pensé
algo anda a la perfección
no arruinemos este instante en que te vas
y yo me muero
sin ninguna compasión
debemos dejar que las cosas sucedan como deben ser
así que me fui primero.
Roberto Brindisi

PASAN




Espere hasta un agosto
para verte desnuda de prisas
para tomar un café en la cama del fondo
sorteando las telarañas multiplicadas
en el verdor de tus ojos incendiados
y espere
vino el agua de fines de otoño
pensé
no hay mejor gota que la de una lagrima a destiempo
me di cuenta que los llantos breves nunca son buenos
mejor escribir un poema al polvo de las rosas trituradas
o tal vez sortear alguna esquina de calles empedradas
de zaguanes antiguos con las sombras del pasado
pero nada me conformo
solo la sonrisa tímida de tu rostro lascivo
que hay detrás del ladrido de una luna nueva
me consultaste con el bretel en el piso
no se te dije mientras me guiñaba el espejo su reflejo
y allí salte,
presto cual fantasma sin honor ni honra
sobre tus senos nuevos
hubo aroma a triunfo sin discernir de quien
de los dos pudo ser
pero aquella madrugada mientras dormía
te marchaste en medio de un tango arrabalero
o nunca estuviste y te soñé
como se sueña a dios acostado con mil vírgenes
después de una borrachera en san juan y boedo
a veces pienso que no hay noches
que el tiempo de soñar es tan eterno
que la infinitud es un destello de tiempo extinguido
hasta que veo que tu silueta da la vuelta
por los portones de mi cuarto amurallado de nada
me sorprende la facilidad de morir en un instante
resucitando sobre un cuerpo sin ropas jadeante
con su pelvis de muchacha inaugural
aunque sea una vigilia como tantas otras
cuanto daría por ser un bardo galante.
Roberto Brindisi

martes, 27 de septiembre de 2016

HEREDE SEPTIEMBRE


Herede un septiembre
con filos en el medio
con clavos oxidados
de días agobiantes
hundí mi rostro peregrino
entre la mata de orificios consumados,
qué hacer con este lapso
que nace en el estertor de lo finito,
que sino intentar desalojarlo
para que mi memoria levante vuelo,
pasaron varios meses
gélidos como la angustia del mañana
encerradas en un cuarto de alquiler
donde huele a todo y sabe a nada
las ventanas me observan extrañadas
una soledad más bien enemistada
con la abundancia del ayer en otro lado
y mis dedos que rasgan el desierto
de un espejo que conserva los desnudos
en un murmullo de rosas pulverizadas
esquirlas de una guerra nunca iniciada
a pesar de los encuentros cuerpo a cuerpo
sobre el mapa de mi cama de celofán
por esos paisajes volaron con prisa
unas prendas ajustadas sin sentido
despedazadas por el navío del deseo
cuando las traía el eco de gemidos
los jadeos perseverante como pájaros
radiantes de placeres trashumantes
buscando asilo en los labios inclementes
que besaron noche tras noche
las palabras de filos y astillados
buscando refugio en mi garganta
hoy, terminando este septiembre
confío en el arribo de unos pasos intangibles
que tienen el aroma de hembra ansiosa
dispongo de mis ojos cerrados en los sueños
aguardando en soledad como mariposa.
Roberto Brindisi

jueves, 8 de septiembre de 2016

LA ESPERA DEL POETA


Creo ser la poesía
que amansada
llora con sus lágrimas rotas
el vacío de otra madrugada,
vivir en el espacio invisible de una hoja
andar con la sangre a cuesta
sin mostrar cada una de las heridas
en las eternas potencialidades de lo imprevisible
en esa nada interrogante desde mi silencio,
nos complementamos,
yo,
rabia contenida en mis pesadillas,
el bardo,
que ha fenecido tempranamente,
pero que aún dialogo con sus misterios,
una rosa mustia,
una ventana rota de invocaciones,
un espejo entumecido en su deseo,
una cama continente de las partes femeninas,
la humedad de su letra nunca impresa
 esa sonrisa huraña en soledad,
son formas que presenta la vida
para ir muriendo aun con la piel puesta
o quizás sea  la espoleta de una granada
esparciendo las astillas por doquier
salpicando a los adormecidos del polvo de palabra
poeta y poesía
aquí estamos sin saber que decirnos
nos sobran los vocablos esparcidos en nuestros poros
nos falta quien detone esa mágica conspiración
esa sombra que tan dentro nuestro
se exteriorice como un poema o varios
te veo, poeta,
en un momento de descanso
abriendo los ojos lentamente
para intentar capturar a quien le dé sentido a los versos
quien provoque que dormir no sea posible
ni deseable
vivir la vigía de su llegada y entrega
para que finalice este paréntesis horrible.
Roberto Brindisi


lunes, 18 de julio de 2016

SOÑAR OBSTINADAMENTE


Este atardecer callejero
solo puede empezar
en una plenitud disoluta
en un otear en silencio el océano
con tu compañía ausente
como viejo lobo depredador
extraño esas manos sin continuidad
quizás en las ráfagas del viento
tu rojizo cabello se dispare
como viejo animal atado a la memoria
me quedan unos ojos tristes de despedida
sobre el fondo del acantilado un violonchelo
desafinado
de un músico cojo y ambulante
quien muchas calles atrás
se enamoro de la arritmia de los faroles
del retardo agónico de los antiguos relojes
de una notas perdidas de otra partitura
que su embeleso no te vio pasar mujer inolvidable
entrañable fémina de un anochecer
no recuerdo tu voz porque se mezclan, creo, con otras voces
todas jadean en el mismo sentido
todas gimen sobre el violín de un orgasmo
y sigo pensando que este atardecer
solo puede terminar en una concentrada infinitud
o en unos besos lascivos que humedezcan mi deseo
si estuvieras aquí amante enceguecida
seguramente tu indice señalaría la dirección correcta
me lo mencionan los pájaros que vuelan en circulo
sobre un mar salitre que no admite siluetas dulcificadas
ellos han  elaborado un teorema de tus desnudos
que tiene presente la apertura exacta de tu entrepiernas
en tanto sigo buscando un centro que difícilmente encontrare
me resigno a aterrizar mi piel sobre tu dermis amapola
te veo completamente despojada
y descreo de las teorías de los bulimicos paraísos
intento escribir una oda a la curva de la carne
a la perfección incorrecta de tus huesos
son como vertebras blancas y negras
de un piano femenino destinado a mis manos perversas
me traen otro vaso de tequila
el que saboreo apresurado como a mi propia vida
en el umbral mismo de la borrachera me detengo
con la expectativa de que no suceda nada
en lo oblicuo del invadeable páramo
presto oídos al ruido seco del silencio
cae como una hoja de otoño sobre lo invisible
me pregunto si ya no estaba aguardando allí
un rumor de pesada ubicuidad
que no tiene ni principio ni fin
me convoca al lugar exacto de mis recuerdos
caigo en cuenta que todas las cosas de este mundo
alcanzan y pierden el edén al menos una vez al día
y diviso tus prendas en el borde de mi cama
mas una silueta que sale de mi espejo, de lo más profundo.
Roberto Brindisi

jueves, 14 de julio de 2016

A DESHORA


Diría más allá
si la noche no estuviera muerta,
lo diría ante los islotes del temor
ante esa brújula descompuesta
que apunta al sudoeste
como las melodías de la locura,
diría más allá
si las estrellas no se desmoronaran
sobre los sueños tristes de un poeta
sabiendo que las letras bastardas
producen una soledad tan bella
capaz de pensar en asaltar alguna biblioteca
a media cuadra del cubículo de la ignorancia,
el que escribe no se cansa de pensar
que es un oficio mil veces menor
al del lector adicto a las palabras escritas,
quisiera decir mas
siendo parte de un abismo
de un ápice de ese vacío inescrutable
del abismo mismo de la indiferencia
al regreso de los meandros de los deltas
de las olvidadas arenas movedizas
en ese espacio de humareda y de cristales sucios
mas allá de las espigas que fingen ser silvestres
o de esos pájaros compuestos como polinomios
de los cuchillos aguzados de las hojas de pino
o de las astillas de los álamos somnolientos
soy un viejo lobo que quiere abandonar su piel mundana
por el sendero donde la vista pierde su bruma cortesana
resplandecer en la boca de una hembra color arcilla
por el oeste donde los cielos maduran sus amaneceres
pudriéndose y desprendiendo trozos sobre mi cabeza
se que estoy y estuve en muchas miradas
me voy resignando a ser memorias
recuerdo de otro que se olvidan
aun conservo los últimos alientos
los que hacen que me amigue con mi antiguo espejo
el que guarda los secretos despellejados
las curvas perfectas de las féminas fatales
los jadeos y orgasmos como música de Schubert
el que vio andar la humedad y los placeres
hechos gotas de sudor empañadoras
me he amigado con mi lecho y mi ventana
pacientes amigos de mis ansiedades
podría decir tanto pero siento que aun no es la hora.
Roberto Brindisi