martes, 19 de septiembre de 2017

APUNTES Y DESPUNTES


Miro mis manos arenosas                                                                                                                                                
parte de un tiempo perdido
cuando aún el viento no se había creado
mis bolsillos daban las cuatro de la tarde
en una esquina de aristas desafiladas
no creo que este sueño sea el que tuve ayer
aun repetido tantas veces no es el mismo,
hay un océano de gotas imperfectas
una lluvia de plumas terracotas
miro las líneas de esta prisa mañanera
nada urge más que la soledad resplandeciente
nada suena tan estridente como el silencio suyo
cruzo la acera de baldosas de mujeres intactas
reconozco el misterio sumergido en mis cristales
nada novedoso salvo su reiteración
el movimiento integro de mi cuerpo ofendido
de mi memoria oxidada de recuerdos
con una infancia partida en mil heridas
la reconstruye los poemas de mi pluma etérea
en mis pesadillas florecen las guirnaldas de metal
sus tañidos son mezquindades de otros lapsos
proyectado en la oscuridad de estas noches
donde ha crecido el rosedal de los olvidos,
en la mañana hay que inventar los ruidos
las palabras encubiertas en las miradas
ser artífices de una ciudad en retroceso
frente al desmesurado aspecto del aislamiento
aprender a capturar las nuevas inocencias
ser como los hombres diseñados con tizas blancas
que no desaparecen con la lluvia en sus murales
puede que se reinventen los anocheceres doblegados
que unos puños suaves alteran el mutismo de mi cuarto
no darse por vencido en los momentos irreparables
creer que dios existe en la furia de un otoño extendido
será que nadie muere en esta insubordinada eternidad
salvo las utopías hechas de certezas inmejorables.

Roberto Brindisi

domingo, 10 de septiembre de 2017

DESCONOCER LO APRENDIDO


Conocí
la silueta de una mujer  atravesada
por la furia de un viento blanco
entre sollozos de amores nocturnos
que se truncaron en los atardeceres
de un otoño que sabían a inmensidad
la conocí
en el reflejo blando de mi espejo
oculta en la multitud de crayones
que escribían el final de un orgasmo matinal
la ventana fría de mi cuarto lúgubre
no repetía el eco del mutismo femenino
solo dejaban escapar  olvidos de mi memoria
y aun así la seguí viendo en mi ceguera
de pájaro primaveral envejecido
entre las marañas de tu sexualidad desnuda
creí hablar con las muecas de mis palabras corvas
pero en el instante de su muerte primera
no hubo prisa en ocultar la lluvia de sus ojos
ni descafeinar su aroma de infinitud prístina
solo una hoja en blanco arrugada
marco un adiós que ya había acontecido
la desconocí esa misma alborada
cuando sus manos eran simples falanges desamoradas
ahora retorna en el vuelo de un colibrí
hará nido en el desierto de mi rostros
tendrá mil nombres diferentes para distinguirla
para hacer de su silencio un mundo habitable
transitando los espacios de su geografía
superando esos momentos que son abismos
reconoceré en otra hembra cada ayer sentido
sé que por los escalones subirán los segundos,
los minutos y las horas que no se han perdido
arrumbadas en los arcones de rojo antiguo
que el caos es imprescindible para un día nuevo
un momento en que retorne el afecto no dañado
el amor desde el desván de lo reconocido.
Roberto Brindisi


jueves, 7 de septiembre de 2017

EL RECUERDO


Ella fue mujer
desprendida de unas gotas de lluvia
era agua incendiada entre las sabanas
era la comprensión de los misterios
siendo una incógnita en alborada
me enseño a remontar los sueños
a colorear las peores pesadillas
a crearle alas a los pájaros nocturnos
se hizo continente en mis almohadas
me permitió incendiar sus senos turgentes
con unos labios robados a mi demencia
nos sometimos a transitar los avernos inverosímiles
saliendo sin la tierra ni el polvo de nuestra creación
pero una noche ya no fue posible avizorar el alba
se consumió su nombre en otros rostros
otras palabras denominaron las cosas
siendo los mismos vocablos que impregnan las cosas
recuerdo que en mis espejos ella fue carne reflejada
fue más aún porque quedaron sus miradas
aprecie denodadamente la carne, los poros y las hojas
crei que era guijarro asomándose de los tormentos
arroyo que indomable surco mis oscuros trapos
purgando el atardecer de los horrores
ahora ella solo es unas líneas en mi memoria
unos párrafos desprolijos en mi poesía
me consuelo con una hembra nueva
que talla prolijamente las mascarillas de mi afecto
me relata cómo se acaricia el viento del infinito
destroza la muralla de mi deserotización
en la torre de la iglesia un reloj se pone en movimiento
marca el mediodía en punto
no sonarán las campanas de la muerte
hoy he decidido que se retiren a otro sitio
en esta frontera sus habitantes han desaparecido
salvo mi vigilia acompañada en esta madrugada
en esta hembra no me olvido de aquella
imposible ejercicio imponerse a los recuerdos
salvo una amnesia momentánea
he tocado su dermis en este apareamiento
siendo el ardor su mentira más cruel y más bella.

Roberto Brindisi

DESPUÉS DE HABER VIVIDO


Crear el sol
nombrarlo detrás de tantas sombras
dejar que gire dentro de mis sueños
solo los dioses podrían hacerlo
hasta usurparle el fuego de escribir
de usar las palabras para no decir
para mencionar la muerte cuando callo
o estirar el infinito hasta mi esquina,
crear el único lugar de mi infancia corta
en algún potrero de océano verde
hacer las islas de mis ilusiones pretéritas
pintar en las paredes de mi cuarto
los contornos de tu silueta desnuda
despidiendo las pieles de tu geometría
quizás el llanto contenido
esa forma de garua intensa atormentada
encuentro entre mis negligencias voluptuosos
los tajos húmedos de tu virginidad
mis letras que componen párrafos desabridos
deberán recompensar la dulzura de tus dedos
o haber sido constituida como hembra primitiva
esto fue en un tiempo sin calendario
en esos otoños de inocencia mustia
te recuerdo en el sitio de una granja segoviana
sé que hemos sido socios de las noches infinitas
entre esos senos erguidos de poesías
pero enterramos las praderas de la esperanza
creíamos que los juramentos serian perjurios
borrábamos los años de angustias lacerantes
hoy en este suelo que desconozco
a pesar de haberlo transitado recurrentemente
sé que ya no se pulverizan ni los pétalos ni las rosas
que las gotas que derramábamos se han partido
son astillas que se clavan en el suelo de la existencia
puedo vaticinar que nada será como el olvido
nada ni aun el aroma del sexo entre las cosas.
Roberto Brindisi