martes, 22 de noviembre de 2016

PUEDE MORIR EL LLANTO


Escucho
correr el viento
en la pradera de mis sueños
soplan las palabras
como las astas de los molinos
en el aire se enredan las vocales y los pájaros
un maremoto lejano salpica en nuestro lecho
con las olas de dedos lánguidos
circulando agónicos sobre mis poros,
manos de mujer pecaminosa
de estrecho sendero virginal
los párrafos caen sobre mi garganta
un grito urgente se expande
hubo fuego en el fondo del mar
siento el hedor carbonizado de mi olvido
y en un punto sin dirección
empieza a caer la lluvia sobre mi sobriedad
en la parte inversa de mis quimeras ultrajadas,
solo me es necesario una mirada
esa que utilizabas para demoler los pétalos
en una habitación húmeda de siglos
de tiempo retrocediendo agazapado
de ayeres parangonando a los gorriones,
en el centro de la miseria me llamaste
pudimos aferrarnos a los últimos estertores
sucumbir descalzos en el piso de mi anhelo
permitir que treparas como animal de seda
por el vértice de mi concupiscencia
gritar primitivamente el primer verbo
dejar que me ahogara en tu boca temprana
acopiar los tramos
de labios deshechos en el anochecer
me di cuenta que existíamos
cuando me pose sobre tu seno
cuando alargaste tus falanges
hasta mi geografía extrema
y un temblor parecido al preludio de la muerte
desabrocho tu pelvis de color dorada
abrió mis venas en el filo de mi almohada
y los dos languidecimos eternamente.


Roberto Brindisi

1 comentario:

Siloe Sombra dijo...

Tus versos nunca dejan indiferentes... lastima que no publiques mas a menudo, al menos aquí puedo leerte, siempre emocionan tus letras.
Reme.